sábado, 29 de septiembre de 2012

Eligiendo a Eva...

Tamara Adams 


¿Qué pasaría si Eva no hubiera mordido la manzana?... ¿Qué ocurriría si el árbol de la ciencia del bien y del mal en realidad no hubiera sido ningún árbol?... ¿A quién, en pleno siglo XXI, le importa la historia de Eva? 
Tal vez, efectivamente, a nadie, pero la realidad es que los efectos de esa intragable historia aún continúan condicionando la vida de miles de mujeres del planeta.
Una historia inventada, lógicamente, por hombres, y que se perpetuó sobre todo a través de los hombres de las iglesias, con el único fin de atemorizar y utilizar durante siglos a la mujer, una historia que la colocó y aún la coloca en un escalón por debajo del hombre.
La Eva creada por el hombre es una Eva que salió de la costilla de Adán, es decir, un ser incompleto, que durante muchos siglos por no tener no tenía ni alma, y cuando el bondadoso hombre le concedió alma le negó cualquier capacidad mental. Así, si una mujer tenía ideas propias, o tenía una mente más lúcida que los hombres, era inmediatamente condenada, tratada de bruja o sometida a un férreo control por parte de padre, hermanos o esposos.
Una Eva creada para que el pobrecito de Adán no se sintiera solo, o lo que es lo mismo, un juguete sexual, que al fin y al cabo es como muchos hombres siguen viendo a las mujeres.
Una Eva culpable, madre de todas las mujeres, lógicamente culpables, como ella, excusa perfecta para que los machistas sigan ejerciendo un poder absoluto y tirano sobre las mujeres.
Una Eva “pecadora” que condicionó y marcó, e hizo que las mujeres durante mucho tiempo se lo creyeran y, como consecuencia, vivieran con temor, con culpabilidad, con sumisión…
Pero, tal vez la historia fue otra…

Tamara Adams 














“Hace muchos miles de años vivían en el bosque distintos grupos de simios. Eran unos grupos pequeños y organizados donde todos cuidaban de todos.
En uno de estos grupos había una hembra distinta a todas los demás.
La pequeña siempre había sido diferente, todos los sabían y todos la habían aceptado porque sus conocimientos habían provocado cambios importantes en los hábitos cotidianos del grupo, cambios que les habían hecho mejorar.
Por eso nadie se extrañó cuando un día los reunió a todos y les pidió que la siguieran sin preguntar nada, sólo que confiaran en ella. Y así lo hicieron, y así fue como Eva les condujo fuera del bosque, a un lugar donde hasta entonces nadie se había atrevido a llegar. El grupo tuvo que enfrentarse a nuevos obstáculos, pero Eva sabía cómo debían hacerles frente, y sin apenas darse cuenta, esas dificultades fueron haciendo que todo cambiase, que se les abriesen nuevos espacios en sus incipientes mentes, que empezasen a pensar.
Pero lo que nadie sabía era que Eva, desde niña, tenía sueños. Sueños donde aprendía a utilizar nuevos objetos. Sueños donde veía hacia donde tenía que dirigirse para obtener mejores alimentos.
Por eso, unas noches antes de emprender el viaje, había tenido un sueño, un sueño donde había visto a su gente caminar en el suelo, no por los árboles. Y por primera vez pudo contemplar un paisaje tan amplio que su vista no alcanzaba a ver su final. Un paisaje en el que casi no había ningún árbol y la hierba, que en el bosque era pequeña, llegaba a cubrirla a ella y a los demás.
Pero Eva contempló algo que la dejó fascinada: todos los miembros de su tribu habían cambiado, caminaban erguidos, y Eva comprendió que eso era el principio, el principio de un nuevo tiempo, el principio de un cambio que les llevaría a lugares lejanos, a experiencias inimaginables”.
Eva, la primera soñadora, nuestra madre, era una hembra que amaba a los suyos, una líder que los cuidaba y conducía siempre por lo mejor. Era inteligente y despierta. Le gustaban las situaciones difíciles, los retos, y no se detenía ante nada porque sabía que la respuesta estaba en su interior.
Nosotras, las descendientes de Eva, debemos ahora elegir qué madre queremos. Podemos ser la Eva creada por el hombre y asumir ser la otra costilla, y vivir siempre bajo las limitaciones, la inercia, las comodidades.
Ser esa Eva sumisa, pasiva, superficial.
Esa Eva enamorada de sí misma que se pasa el día preocupada de sí misma, de su imagen, de sus amores, envidias, etc.
O, por el contrario, nos reconocemos descendientes de la verdadera Eva, una Eva comprometida con todo lo que la rodea.
Una Eva que no es pasiva ante nada en la vida. Que quiere crecer, conocer, superarse.
Una Eva que no espera, sino que actúa. Que no dice, sino que hace.
Una Eva que lucha por las cosas importantes de la vida.
Una Eva que sabe que todos los derechos que las mujeres disfrutan ahora son el fruto del sacrificio de muchas otras mujeres que se negaron a ser mujeres objeto, a aceptar las injusticias, las desigualdades, el silencio.
Una Eva que sabe tanto del valor del sacrificio, de la dignidad, de la valentía, como de la sensibilidad y de la ternura.
Una Eva valiente, fuerte, segura y decidida.
Cada una elige…

Tamara Adams
















Mujeres Mal-queridas

Mònika Helgesen 

Hoy, que otros problemas mas acuciantes estan resueltos, las voces de las mujeres que sufren por amor se escuchan con mas intensidad. Sus lamentos resuenan en un mundo que muchas dan por conquistado. Todos conocemos a mas de una mujer que se queja de que la quieren mal. El eco de su pena se escucha en los lugares de trabajo, en el gimnasio, en las animadisimas comidas entre amigas y en las series de television. Dicen que es un tema femenino de actualidad.
Cuando hablamos de malqueridas hablamos de mujeres que padecen por un mal amor, no necesariamente de mujeres maltratadas físicamente, sino de mujeres enfrascadas en relaciones imposibles, destructivas, que lloran por un amor perdido o sin futuro aunque pasen toda la vida enganchadas a ese llanto y a esa relacion.
Mujeres fieles a parejas intermitentes; Amores furtivos, prohibidos, clandestinos.
Mujeres extraordinarias que se transforman en niñas enfermizas si un hombre no las llama.
Mujeres encadenadas a una pena de amor, condenadas a ser la horma de cualquier zapato, o a instalarse debajo de cualquier zapato.
Mujeres que no se cansan de escuchar: “No quiero compromisos”.
Mujeres sumisas, mansas, asustadas, complacientes.
Mujeres que son fuertes ante todos los retos de la vida, brillantes para resolver sus tareas, para enfrentarse a cualquier desafio, valientes para todo, excepto para resguardarse de ese hombre que las quiere mal.
Mujeres dispuestas a esperar y a esperar y a esperar; Engañadas, traicionadas….malqueridas.
De sus parejas seria arduo delimitar dónde empieza el maltrato emocional y donde termina la malquerencia. Y cuando digo que las malquieren, no me refiero a que NO las quieran, al contrario, puede incluso que las quieran muchisimo, lo que ocurre es que las quieren mal. Quieren a una que no es ella, la quieren raro, torcido, al reves, y ella se retuerce y se contorsiona hasta encontrar la forma exacta que encaje con el trazado caprichoso de ese mal amor.
A veces el hombre quiere a “otra” que tiene en su imaginacion y pretende transformar a su amada en alguien que no es ella, y la amada descoyunta su ser intentando complacerle. A la mujer verdadera apenas la tiene en cuenta, a veces ni siquiera se ha preocupado por conocer sus gustos, sus inclinaciones, sus dificultades; ¿para qué? Es suficiente con que ella siempre este alli para el.
Se trata de un amor que suele quedar un poco estrecho de cintura y holgado de espalda. Es un amor “de otra talla” que no le sienta bien a casi nadie y que, no obstante, esa mujer insiste en llevar a cuestas a pesar del sufrimiento que le supone.
Una mujer subida a un amor como ese, debe tener la misma sensacion que una mujer subida a unos zapatos prestados, estrechos, puntiagudos y de tacon muy alto. Mientras todos los que la rodean la ven haciendo malabares y tambaleandose, ella se cree elegantisima y maravillosa, incapaz de reparar en que no es mas que una mujer que sufre y que se siente profundamente desgraciada.
Lo que yo sostengo es que en toda mujer malquerida por una serie de hombres, hay una mujer que se quiere mal a si misma. Y cuando digo que se quiere mal, quiero decir que se quiere con un amor tergiversado. Con sus palabras ella dice que quiere una cosa, pero sus actos revelan que quiere otra. No estoy hablando de que “no se quiere suficiente”; no me refiero a que tenga una “baja autoestima”. Puede que, sin saberlo, incluso, se quiera a si misma en exceso y se sienta en el fondo tan fuerte y tan poderosa como para ser capaz de salvar, por amor, todas las dificultades que se le presenten en el camino, aunque en el empeño se deje la sangre y la piel.
Alguien que hace un mal negocio no necesariamente es alguien que no tiene dinero, puede quedarse sin dinero por no haber sacado bien las cuentas, a causa de un negocio torcido, o de una mala inversion. Pero quedarse sin dinero es una consecuencia, no una causa. Quedarse sin autoestima puede ser la consecuencia de haber invertido mal el amor propio. A veces el amor propio tiene una preocupante tendencia al heroismo, a adornarse a si mismo con una capita de superheroe, que lleva a su dueña a sentirse capaz de acometer ciertas proezas titanicas que no le reportaran ni el éxito, ni la fama mundial, ni siquiera le servirán para asegurarse un lugar en el Cielo. Solo obtendra cansancio, humillacion y sufrimiento.

Fragmento del libro “Mujeres Malqueridas”de Mariela Michelena 

Mónika Helgesen























Sin complejos!!




Me ha dado mucho gusto ingresar al universo femenino de Jeanne Lorioz, pintora francesa nacida en 1954.
En sus pinturas nos presenta a hermosas y atractivas mujeres pasadas de kilos, con sus curvas contundentes plenas de reminiscencias de las féminas de Rubens, blancas y voluptuosas.
Sus cuerpos son robustos, generosos, de colores y formas alegres, llenos de ternura.
Casi todas nos dan la espalda, como restándonos importancia; ellas son felices como son y desconocen la crìtica, no les importa.
Jeanne Lorioz escapa de los cánones habituales de belleza y juega con sus características lineas carnales, inusuales.
La pintora nos las muestra en momentos cotidianos comunes a cualquiera de nosotros; hacen sus tareas, pasean, van a la playa ,contemplan el mundo, juegan con sus mascotas, se bañan, bailan, conquistan, seducen  y  duermen! Son coquetas y divertidas!
De este modo, rinda homenaje a la alegrìa de vivir del llamado sexo dèbil, a su liberalidad y generosidad maternal. Son mujeres ajenas a las cirugias y a los artilugios de la cosmética que transforma y desfigura; ellas simplemente son..., y asi son felices!











































Etapas...

Christiane Vleugels


Etapas
Como cada flor marchita, 
Y toda juventud con la edad decae, 
Así florece cada etapa de la vida, 
Florece cada sabiduría y cada virtud a su tiempo, 
Y no puede durar eternamente.
El corazón debe estar, a cada llamada de la vida, 
Presto a la despedida y los nuevos comienzos, 
Para con valentía y sin remordimientos, 
Entrar en nuevas ligazones. 
Cada comienzo está lleno de una magia 
Que nos protege y nos ayuda a vivir

Hemos de atravesar alegres espacio tras espacio, 

No depender de hogar alguno, 
El espíritu cósmico no quiere encadenarnos, 
Quiere elevarnos etapa tras etapa, 
Ampliarnos. 
Apenas nos aclimatamos a un círculo de vida, 
Cuando el hábito familiar hace la indolencia, 
Sólo alguien que esté preparado para salir y viajar,
Puede escapar del hábito paralizante. 

Quizá también la hora de la muerte 

Nos envíe a espacios nuevos, 
Nunca tendrá fin en nosotros la llamada de la vida... 
¡Bien, pues, corazón, despiértate y sana!
Hermann Hesse



Christiana Vleugels







viernes, 28 de septiembre de 2012

El relato de la Tia Ofelia...




Sanchis Cortes 


"Hay gente con quien la vida se ensaña, gente que no tiene una mala racha, sino una contìnua sucesiòn de tormentas. Casi siempre esa gente se vuelve lacrimosa.  Cuando alguien la encuentra, se pone a contar sus desgracias, hasta que otra de sus desgracias termina siendo que ya nadie quiera encontrársela.
Esto último no le pasò a la tia Ofelia, porque a la tia Ofelia la vida la cercò varias veces con su arbitrariedad y sus infortunios, pero ella jamás abrumò a nadie con el relato de sus pesares.  Dicen que fueron muchos, pero ni siquiera se sabe cuàntos, y menos las causas, porque ella se encargò de borrarlas, cada mañana, del recuerdo ajeno.

Era una mujer de brazos fuertes y expresiòn juguetona, tenia una risa clara y contagiosa que supo soltar siempre en el momento adecuado. En cambio, nadie la vio llorar jamás.
A veces le dolìan el aire y la tierra que pisaba, el sol al amanecer y la cuenca de los ojos. Le dolìan como un vértigo el recuerdo, y como la peor amenaza, el futuro. Despertaba a media noche con la certidumbre de que se partirìa en dos, segura de que el dolor se la comerìa de golpe. Pero apenas habia luz para todos,  ella se levantaba, se ponìa la risa, se acomodaba en el brillo en las pestañas, y salia a encontrar a los demás como si los peores pesares la hicieran flotar.
Sanchis Cortes 
Nadie se atreviò a compaderla  nunca. Era tan extravagante su fortaleza, que la gente comenzò a visitarla para pedirle ayuda. Cuàl era su secreto? Quièn amparaba sus aflicciones? De donde sacaba el talento que la mantenìa erguida frente a las peores desgracias?
Un dia le contò su pena a una mujer joven cuyo dolor parecia no tener remedio:
- Hay muchas maneras de dividir a los seres humanos- le dijo -.   Yo los divido entre los que se arrugan para arriba y los que se arrugan para abajo, y quiero pertenecer a los primeros. Quiero que mi cara de vieja no sea triste, quiero tener las arrugas de la risa y  llevármelas conmigo al otro mundo. Quièn sabe què habrá para enfrentar allá."

Angeles Mastretta 
Fragmento de Mujeres de ojos grandes.-


Sanchis Cortes









jueves, 27 de septiembre de 2012

Cada ciudad puede ser otra...



Joanna Upperton

Cada ciudad puede ser otra


Cada ciudad puede ser otra
cuando el amor la transfigura
cada ciudad puede ser tantas
como amorosos la recorren

el amor pasa por los parques
casi sin verlos amándolos
entre la fiesta de los pájaros
y la homilía de los pinos

cada ciudad puede ser otra
cuando el amor pinta los muros
y de los rostros que atardecen
unos es el rostro del amor

y el amor viene y va y regresa
y la ciudad es el testigo
de sus abrazos y crepúsculos
de sus bonanzas y aguaceros

y si el amor se va y no vuelve
la ciudad carga con su otoño
ya que le quedan sólo el duelo
y las estatuas del amo.


Mario Benedetti
Uruguay.-

Joanna Upperton








domingo, 23 de septiembre de 2012

El objeto del deseo...

Takahiro Hara


Releyendo a Mario Vargas Llosa en su libro "La civilizaciòn del espectáculo", sustraigo su idea de que la banalizaciòn de la cultura  -que fundamenta esta obra - llega incluso a los lìmites de las relaciones ìntimas, perdiendo todo encanto y misterio, convirtièndose en un acto animal y casi deportivo, en que se aparta de  todo intento de erotismo y conquista, alejándose de su esencia humana caracterìstica.-
Y entonces me pregunto: què largo camino ha recorrido la mujer en el intento de adueñarse de su cuerpo, del erotismo implicito en él, para llegar a este siglo XXI en que tantas cosas se nos prometieron, para encontrarnos con que ya casi no vale nada, nada atrae  y tanto se ha desvirtuado?
Es una pregunta de largo aliento como  para pretender responderla de cabo a rabo, pero sì podemos intentar aproximarnos al menos, a visualizar ese proceso de conquista de nuestro propio cuerpo y lo que nos ha costado.- Lamentablemente, soy conciente de que la mirada se verá limitada por la geografìa y la propia historia y sus registros, ya que poco sabemos de esa lucha en las Americas y sus mujeres, previo a la acciòn conquistadora de Europa, y el tema se vuelve inmenso, de gran extensiòn si nos fijamos en el Oriente misterioso y lejano; asi que  miraremos a las mujeres de Occidente en general.

Convengamos desde ya que la visualizaciòn de la  mujer siempre ha sido teñida de una doble moral, dado que los ámbitos públicos y privados pueden estar tan divorciados que se nos pierda la realidad ùltima de los procesos sociales y culturales en que se inserta la mujer y la conquista de su cuerpo.-
Desde la Edad Media en que la mujer era un bien para el Señor, resguardado y secreto, fuente de procreaciòn y con ella la legalidad y perpetuidad de la heredad, la mujer llegò al siglo XVII gozando de franquicias morales gracias a la oblicua condescendencia de padres y  maridos más preocupados por ganar los favores de otros varones, dueños de mayor potestad, a los que estaban obligados a rendir pleitesìa. Ejemplo de esto fue la aristocracia francesa, cuyas cortesanas representan un segmento que se caracterizò por no eludir los contactos sexuales, a menudo impulsados por los propios cónyuges.-  Es en ese mismo escenario en donde el estallido de la Revoluciòn Francesa y la extinciòn de los privilegios de la aristocracia, significò el ascenso de la burguesia y el reconocimiento de los derechos individuales, concretados en la soberanìa de los hombres, pero no asì de las mujeres, siempre sujetas a otras medidas más estrechas y controles sociales muy severos. La nueva clase que surgiò en las calles de Paris al grito de "Libertad, Igualdad y Fraternidad", no alcanzò al género femenino, quienes se vieron sometidas a un estricto còdigo de moral sexual, apegado al principio de que el sexo se legitimaba con fines reproductivos, a lo que se le agregò el incomodìsimo concepto de que una mujer decente no conocìa ni el deseo ni el placer.
Claro, debemos decir que - convenientemente - no se divulgò la "Declaraciòn de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana", calcada sobre la "Declaraciòn de los Derechos del hombre y del ciudadano" de 1789, en la cual quien se atreviò a hacerlo - Marie Gouze -afirmaba la igualdad de derechos de ambos sexos, comenzando con estas palabras: "Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta?"  Junto a eso se animò a realizar planteamientos sobre la supresiòn del matrimonio y la instauraciòn del divorcio, la idea de un contrato anual renovable entre concubinos y militò por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera del matrimonio. Esta mujer que defendiò la igualdad entre el hombre y la mujer en todos sus aspectos, el derecho al voto, al trabajo pùblico, a hablar de temas polìticos en público accediendo a la vida institucional de su pais, a formar parte del ejército y a poseer y controlar propiedades, el derecho a la igualdad fiscal y a la educaciòn, fue aguillotinada el 3 de noviembre de 1793, luego que lo fueran sus amigos girondinos.  De ella nadie nos hablò en las aulas, como asi tampoco de  la mano de obra femenina que no atentaba contra la familia y las buenas costumbres, siempre y cuando alimentara la maquinaria en tiempos de crisis. La pobreza, la explotaciòn laboral, el acoso y el hostigamiento continuaron afectando a las mujeres, hasta hoy en dìa, no es novedad para nadie.
LLegamos asì al siglo XIX con una severa moral sexual impuesta por la triunfante burguesìa, facilitadora  de la conducta sexual de los varones a su antojadizo deseo. La doble moral masculina ejercìa un rìgido orden y control sobre las mujeres de la familia, pero la borraban cuando sometìan sexualmente a otras, comenzando por criadas y empleadas.

Ronald Delcol
Es en este escenario de moral falsa y grandilocuente que  nace el movimiento feminista del siglo XIX, apegado a la idea de que la sexualidad era una manifestaciòn penosa, tal vez una anomalìa, un atributo del patriarcado que debìa, por lo menos, inhibirse. Esas primeras manifestaciones feministas estan lejos de concebir como un derecho el placer sexual y, por otra parte, el pensamiento dominante en ese momento sostenìa la anestesia sexual femenina.  Tanto es asi, que las voces más autorizadas declaraban que las mujeres educadas y refinadas, apenas conocìan los disfrutes de su sexualidad, reservados en todo caso, a las mujerzuelas iletradas que estaban poco menos que cercanas a la animalidad. La gran mayorìa de las primeras feministas, llegaron a repudiar la propia sexualidad en el entendido que era su manera de enfrentar las prepotentes conductas masculinas y como repudo al forzamiento de los actos sexuales que sufrìan tantas mujeres, al acoso que no distinguìa ambientes pero que era mucho más extendido en fábricas y talleres. Todo esos elementos y actitudes, explica el hecho de que en Inglaterra se crearon leyes que penalizaban la sexualidad, entre las que se encontró la condena a la homosexualidald, solicitada tambièn por las feministas. En todos los paises en que se dio la lucha feminista, la sexualidad y el erotismo de las mujeres como faceta ineludible y constitutiva de su liberaciòn, no estuvo incluida en ninguna plataforma de reivindicaciones.
Mucha agua debiò pasar por el rìo de la historia, dos grandes Guerras Mundiales y sus consecuencias socio-econòmicas y culturales, llevan a que en los años  60, recièn, surja una "nueva ola" de transformaciones. El deseo sexual y su satisfacciòn se entronizan y liberan de la mano de la pastilla anticonceptiva, y los variados retos a los que se enfrenta la mujer, fueron formulando el derecho al goce del cuerpo luego de su conquista.
Ese tema sigue estando en el espacio privado, ya que si bien se ha ganado un vasto terreno en cuanto a los derechos sexuales y reproductivos gracias al motor de la lucha feminista, el cuerpo de las mujeres sigue en manos del Estado, del templo, de la iniciativa privada, de su pareja sentimental y de las costumbres.
Los contrastes se dan en el mundo coexistiendo y  llamándonos a reflexiòn; desde las niñas que viven en los campos de Mauritania, obligadas a conseguir marido y ser un sìmbolo de opulencia, q ue  no se diferencian de otros casos no menos brutales, como las chicas anoréxicas y bulìmicas de nuestra sociedad que esclavizan su cuerpo sujetándolos a cànones de belleza y patrones de publicidad malsanas y deformantes; la mutilaciòn femenina que nos enrostra a las mujeres occidentales la total ausencia del clìtores en nuestros libros de anatomía.  Cuando catalogamos de "barbarie" la violaciòn de los derechos humanos en otras culturas, deberia motivarnos la indignaciòn y la denuncia, pero tambien deberìan representar la oportunidad de pulir una mirada que nos facilite la autocrítica.
Las mujeres, en todas las latitudes, crecemos en la convicciòn de que es indispensable modificar nuestro cuerpo para hacerlo apetecible, para agradar al otro, para complacer. Siempre hay algo que sobra (en occidente: vellos, grasa, arrugas, celulitis), y algo que sobra (tambien en occidente: pechos generosos, aromas delicados, maquillaje, ropa de moda).-
Eric Wallis
El mensaje subyacente no cambia como la geografìa:  nadie nos va a querer tal como somos, nadie querrá casarse con nosotras. En ese discurso que parece universal a estas alturas, valores como el amor, el respeto, la dignidad, el bienestar, bajo el tramposo disfraz de la vida en pareja, quedan condicionados por la imagen. Las mujeres tenemos siglos de experiencia en esta materia, y conocemos muy bien la doble moral que hace de nuestro cuerpo el mejor regalo y el peor castigo a la vez. El cuerpo y su imagen son el salvoconducto o la condena en diferentes etapas de la vida: ser delgada u obesa, pudorosa o coqueta, mesurada o promiscua, discreta o liberal.  El cuerpo y su biologìa nos marcan a los ojos de la sociedad a traves del tamiz de la sexualidad:  nuestro ánimo, temperamento, caracter, se supone, se explican por simple fisiologìa y no escapamos a los comentarios burlones sobre nuestra naturaleza. 
Desde las jòvenes marginadas que deben someterse a una prueba de embarazo dentro de la empresa en que trabajan bajo amenaza de perder su trabajo (Filipinas, por ejemplo) si se niegan o se comprueba su estado, hasta la vice presidenta española o la presidenta argentina, a quienes se mide primero y fundamentalmente por su atuendo o cuán bien cumplen con su  rol de esposa o madre; el criterio para calificar a toda mujer, pasa, antes o despues, por su cuerpo. En una doble perversiòn se nos hace creer que que somos cuerpo y poco más, pero no se nos enseña a adueñarnos de ese cuerpo, a habitarlo y vivirlo en libertad. Libertad de elegir cuàndo, còmo y con quién arroparlo, disfrutarlo, desnudarlo, cuidarlo, compartirlo y quererlo como vehìculo para desplazarnos y comunicarnos con el mundo.

El camino se hace andando, no hay otro modo; y a veces - cuando nos detenemos a reflexionar -  nos damos cuenta que ese sendero es muy sinuoso, que no siempre avanzamos, que en ocasiones retrocedemos y lo que hoy parece una conquista, mañana puede ser apenas asomarnos a un abismo que no imaginamos. 
Nuestro cuerpo es lo más cercano que  tenemos, es - o deberìa serlo al menos - nuestra propiedad más preciada; aprender a valorizarlo es nuestro derecho y nuestro deber. El goce, el disfrute sexual asumido como nuestro derecho, unido vigorosamente a nuestro primigenio derecho a la  Vida, como mujeres y como personas.-

Fuentes: Dora Barrancos,Investigadora y  profesora consultora de la UBA - Argentina.-
              Atenea Acevedo - Columnista


Phillip Glastone




Felicidad, flexibilidad, equilibrio...



Michael Parkes

Con sòlo mirar una hora por dìa - y quizás sea demasiado!! - la publicidad que pasan por la TV , podriamos llegar a la conclusiòn de que nos ha tocado un mundo en que se nos intenta vender con insistencia, la idea de que es posible vivir sin sufrimientos en un estado de felicidad constante y que se consigue con suma facilidad.
De allì a que nos pasemos todo el dìa corriendo tratando de comprar esos productos   u objetivos que pensamos que nos podrán llenar ese vacío interno que sentimos y que, sòlo con eso, lograremos obtener el primer premio de la Felicidad en còmodas cuotas. Puro espejismo, gran frustraciòn.
El punto es  còmo vamos a conseguir algo  que no sabemos de què se trata si, en consecuencia, ignoramos en dònde encontrarla.
En dònde está? , què es la felicidad?, ya que la felicidad hueca que nos venden, no es real.
Podríamos decir que sì existe una felicidad humana, pero que implica sufrimiento, y de este modo dariamos un paso hacia la comprensiòn de su esencia.
El autor de "Happines" (Felicidad) enfatiza en que la sociedad nos está estafando porque nos la vende sin sufrimiento y añade que la felicidad y la infelicidad están trenzadas. Aquel que busca la felicidad de los anuncios publicitarios ha errado el camino.
"El sufrimiento puede hacerte un agujero.. y puedes seguir avanzando igual de felìz...", dice el poeta Joan Margarit, adhiriendo al concepto de que el sufrimiento es natural y humano.
Pero, còmo vamos a integrar la idea de que la felicidad va ligada al sufrimiento si cuando sufrimos casi se nos insinùa que estamos mal psicológicamente?  Cuando lloramos, cuando nos angustiamos, tenemos miedo o sentimos cualquier emociòn que no sea la alegrìa, empezamos a alarmar a quienes se encuentran a nuestro alrededor.  "Què te pasa?!" es la pregunta que nos suelen hacer cuando nuestra cara refleja tristeza, pero no es la que oimos cuando estamos contentos. Por què? porque se supone que sentirnos alegres es lo normal y si estamos tristes o ansiosos significa que algo no está funcionando de la manera correcta.
La verdad es que las emociones negativas son tan humanas como las positivas, sin embargo la sociedad no las ve asì ; tanto que muchas personas acuden al psicòlogo para preguntarles  si lo que sienten es normal, y en el fondo por lo que están preguntando, es por las simples emociones, comunes a todos los seres humanos.
Sentir tristeza, nerviosismo, excitaciòn y obsesiones, se inquietan más aún pensando si eso que experimentan es normal, cuando la respuesta es tan simple como que todo eso es humano.
Todos lloramos, necesitamos las lágrimas que son una descarga emocional de suma eficacia y tienen el valor adicional de estrechar saludablemente la relaciòn con nuestras propias emociones.
El sufrimiento es algo consustancial al ser humano,  porque si este sentimiento no nos hubiera acompañado a lo largo de la evoluciòn, no hubièramos sobrevivido, no estariamos aquì.
Los Homo Sapiens somos el resultado de millones de años de evoluciòn, y nuestras emociones nos han acompañado siempre, ayudàndonos a adaptarnos mejor al entorno en que vivíamos que, obviamente, nada tiene que ver con el actual. Pero no caigamos en el error de desconocer que en aquel contexto podrìan tener un sentido muy claro y adaptativo, no menos ùtil en éste en que nos tocò vivir.-
Pocas vidas son fáciles y en general los motivos de angustia son ciertos y verdaderos; pero comprenderlos desde la postura de una asistencia psicològica tambien se puede convertir en una trampa. Aquellos que sufren prefieren ser comprendidos, que se les de la razòn, y no siempre llegan al estado psicològico y espiritual para escuchar la sugerencia de que el intento de ver y afrontar la situaciòn de manera diferente, puede ser el primer paso hacia otro estado de cosas. Esta sugerencia puede ser rechazada vivamente, ya que prefieren tener la razòn  antes que flexibilizar la rigidez de su pensamiento, admitir que se sentirìan mejor si fueran capaces de mirar, encarar la situacion desde otra perspectiva.
Cuando comienzan a flexilizar su mirada, el camino se comienza a allamar y los cambios se convierten en realidades palpables. De eso se trata, de Flexibilidad, de entender que podemos mirar y afrontar la vida de mùltiples maneras; de que a veces es necesario abandonar nuestras rìgidas y dañinas creencias para poder sentirnos felices con lo que ES.




Michael Parkes



Negaciòn y Certidumbre



Alberto Pancorbo 

Al volver a leer este texto del poeta español, Luis Cernuda, a la luz de los años, la experiencia y toda la vida que por mì ha pasado a traves de ellos, creo redescubrir a este hombre que buscò desesperadamente su lugar en el mundo, partiendo de la ilusionada y segura  niñez hasta la muerte en el exilio, incomprendido y rechazado por muchos, admirado y elogiado por los espìritus libres que percibieron el llanto detrás de cada palabra, el arte poética en cada verso. En este texto en particular, en que parece abandonar toda esperanza,  hoy siento que es uno de sus momentos de mayor hondura religiosa, en que nos trasmite todas las decepciones, todas las búsquedas insatisfechas y los deseos traicionados. Su ùltimo refugio de permanencia fue Dios, luego de recorrer su propio camino al Calvario..., y la negaciòn desde el dolor, desde la desesperaciòn...Quièn alguna vez no Lo ha abandonado?  quièn, como Pedro, no Lo ha negado ?  Desde la  hondura de  las profundidades del alma y de la carne, de esta horfandad desde el abismo, solemos levantarnos asidos a Aquello mismo que perdimos por un momento, la FE.-




"Desde niño, tan lejos como vaya mi recuerdo, he buscado siempre lo que no cambia, he deseado la eternidad. Todo contribuía alrededor mío, durante mis primeros años, a mantener en mí la ilusión y la creencia en lo permanente: la casa familiar inmutable, los accidentes idénticos de mi vida. Si algo cambiaba, era para volver más tarde a lo acostumbrado, sucediéndose todo como las estaciones en el ciclo del año, y tras la diversidad aparente siempre se traslucía la unidad íntima.
Pero terminó la niñez y caí en el mundo. Las gentes morían en torno mío y las casas se arruinaban. Como entonces me poseía el delirio del amor, no tuve una mirada siquiera para aquellos testimonios de la caducidad humana. Si había descubierto el secreto  de la eternidad, si yo poseía la eternidad en mi espíritu, ¿que me importaba lo demás? Más apenas me acercaba a estrechar un cuerpo contra el mío, cuando con mi deseo quería infundirle permanencia, huía de mis brazos dejándolos vacíos.
Después amé los animales, los árboles (he amado un chopo, he amado un álamo blanco), la tierra. Todo desaparecía, poniendo en mi soledad el sentimiento amargo de lo efímero. Yo solo parecía duradero entre la fuga de las cosas. Y entonces, fija y cruel, surgió en mí la idea de mi propia desaparición, de cómo también yo me partiría un día de mí.
¡Dios!, exclamé entonces, dame la eternidad. Dios era ya para mí el amor no conseguido en este mundo, el amor nunca roto, triunfante sobre la astucia bicorne del tiempo y de la muerte, Y amé a Dios como el amigo incomparable y perfecto.
Fue un sueño más, porque Dios no existe. Me lo dijo la hoja seca caída, que un pie deshace al pasar. Me lo dijo el pájaro muerto, inerte sobre la tierra el ala rota y podrida. Me lo dijo la conciencia, que un día ha de perderse en la vastedad del no ser. Y si Dios no existe, ¿como puedo existir yo? Yo no existo ni aun ahora, que como una  sombra que arrastro entre el delirio de sombras, respirando estas palabras desalentadas,testimonio (¿de quién y para quién?) absurdo de mi existencia.
Luis Cernuda 
de "Ocnos".-

Alberto Pancorbo 



Despacio y sin hacer ruido...


Jhonny Palacios Hidalgo 

Cuanto me gustaría que te acordaras

de los felices días de cuando éramos amigos
En aquel tiempo la vida era más bella
y el sol más abrasador que ahora
Las hojas muertas se juntan a montones...
Los recuerdos y las añoranzas también
y el viento del norte se los llevaba
en la noche fría del olvido
No he olvidado la canción
que tú me cantabas

Es una canción que nos une
Tú me amabas
y yo te amaba
y vivíamos los dos juntos
tú que me amabas y yo que te amaba.
Pero la vida separa a los que se aman
muy despacio
sin hacer ruido
y el mar borra en la arena
los pasos de los amantes separados
Las hojas muertas se juntan a montones...
los recuerdos y las añoranzas también
Pero mi amor callado y fiel
siempre sonríe y da gracias a la vida.
Te amaba tanto eras tan bonita
Cómo quieres que te olvide.
En aquel tiempo la vida era más bella
y el sol más abrasador que ahora
Tú eras mi dulce amiga...
Pero no tengo que tener recuerdos tristes
Y la canción que cantabas
siempre siempre la oiré

Es una canción que nos une
Tú que amabas
y yo que te amaba.
y los dos juntos vivíamos
Tú que amabas
y yo que te amaba
Pero la vida separa a los que se aman
muy despacio
sin hacer ruido
y el mar borra en la arena
los pasos de los amantes separados.


Jacques Prévert