miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Poder de la Ternura...




El 21 de setiembre del año 2011, por primera vez en su  historia de 66 años, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, fue una mujer quien pronunciò el discurso de apertura frente a los 193 delegados de la organización.  Esa mujer fue la Sra Dilma Rousself quien, el 11 de enero de ese mismo año habia prestado juramento como la primera mujer Presidenta electa de Brasil, el pais más grande y poblado de América del Sur, con una economìa en auge, en donde - en aquel momento - 9 de los 37 miembros designados de su gabinete tambièn fueron mujeres, el mayor nùmero de ministras en la historia de ese paìs.
En el mencionado discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Dilma declarò con firmeza que "...este será el siglo de las mujeres"; y  todos los presentes escucharon con suma atenciòn esta declaraciòn que dejó bien en claro, durante la duraciòn del mismo, que los dones y destrezas para ocupar el cargo para el que fue elegida en su pais, eran legìtimos.
Hacia el final de su discurso se instaló claramente en su condiciòn de mujer, y dijo:

"Creo que hoy represento a todas las mujeres del mundo. Las mujeres sin nombre, las que mueren de hambre y no pueden alimentar a sus hijos.
Las que estan enfermas y no pueden recibir tratamientos medicos adecuados.

Las que sufren violencia y son discriminadas en sus trabajos, en la sociedad y en la vida familiar.
Las que trabajan en el hogar para criar a las futuras generaciones.
Sumo mi voy a la de las mujeres que se atrevieron a luchar, la que se atreviò en la polìtica y en ámbito laboral, y que logrò forjar un lugar en el ámbito politico, sin lo cual yo no podrìa estar aquì hoy.
Como una mujer que fue torturada en la cárcel, sé de la importancia de los valores de la Democracia, la Justicia, los Derechos Humanos y la Libertad."

Creo que para lograr concretar el sino femenino para este siglo XXI, el mundo deberá aceptar que la Humanidad necesita de la ternura amalgamada a la firmeza, a la alternancia conciente y responsable de cuàndo la flexibilidad, de cuàndo el puño sobre la mesa y cuàndo los brazos abiertos. De esa manera es que se fraguan los lìderes.
Lo masculino necesita impregnarse, nutrirse y fecundarse con lo femenino tambièn en las esferas de los gobiernos, del poder.
No puedo dejar de recordar a la Dama de Hierro, Margareth Thatcher cuando ordenò hundir el buque Gral Belgrano de la Armada argentina durante la desgraciada Guerra de las Malvinas, causando la muerte de 323  jovenes marinos. Pasado el tiempo se supo que la decisiòn fue tomada por la Primer Ministro británica buscando un golpe de efecto al torpedear al crucero. En su mano de hierro no hubo lugar para un mìnimo de  ternura que la hiciera dudar, buscar otro modo, evitar la muerte segura de los chicos a borde del crucero. Exceso de hierro, totalmente, que no hizo temblar su mano.
Pero el poder lo que necesita es de mujeres - y  hombres - a quienes  sì les tiemble la mano antes de ordenar la muerte de centenares de personas, de los llamados "soldados enemigos", que no permitan que las personas mueran haciendo huelgas de hambre en el reclamo de sus derechos, que promuevan siempre procesos de unidad entre las naciones, que no ensalcen ni se alien con los tiranos disfrazados de democrátas progresistas, que no apoyen a los regìmenes segregacionistas, a los que discriminan y abusan de hombres, mujeres, niños, jòvenes y ancianos.
Margaret Thatcher fue hija de su tiempo, los ochenta no estaban listos para la ternura, sòlo permitìan en el poder a mujeres con predominio de hierro en la aleaciòn de su naturaleza. Las mujeres que alcanzan hoy sus cuotas de poder en las organizaciones en que se desempeñan, podrán llegar con sus pantalones bien planchados, pero sin el rictus duro del hierro.
Estas revoluciones silenciosas, no sòlo las que promulgan primeras mandatarias que abren Asambleas de las Naciones Unidas, son las que provocarán el cambio.  En cada organización en que las mujeres esten presentes, deberàn defender la ternura, hacer la diferencia de la actitud empática y tolerante, mostrar el rostro de madres, hijas y hermanas que han asumido sus responsabilidades sin descuidar ni olvidar su  ternura.
La experiencia del poder en manos de una mujer, como conductoras de  naciones, genera espectativas de parte de  los gobernados quienes esperan  una señal que indique que estan frente a una nueva forma de gobernar que busca el encuentro, la armonizaciòn de los contrarios, la humanizaciòn en la funciòn pública.
No podemos perder la  ilusiòn de que sea la energìa femenina; la que fue desterrada durante milenios, la que le imprima su sello a este siglo provocador y conflictivo, no podemos resignarnos a no ser Lìderes allì adonde estemos destinadas a actuar, no importa si en una oficina, en un taller, hospital, o cualquier otro ámbito que necesite nuestra ternura.-







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