viernes, 28 de septiembre de 2012

El relato de la Tia Ofelia...




Sanchis Cortes 


"Hay gente con quien la vida se ensaña, gente que no tiene una mala racha, sino una contìnua sucesiòn de tormentas. Casi siempre esa gente se vuelve lacrimosa.  Cuando alguien la encuentra, se pone a contar sus desgracias, hasta que otra de sus desgracias termina siendo que ya nadie quiera encontrársela.
Esto último no le pasò a la tia Ofelia, porque a la tia Ofelia la vida la cercò varias veces con su arbitrariedad y sus infortunios, pero ella jamás abrumò a nadie con el relato de sus pesares.  Dicen que fueron muchos, pero ni siquiera se sabe cuàntos, y menos las causas, porque ella se encargò de borrarlas, cada mañana, del recuerdo ajeno.

Era una mujer de brazos fuertes y expresiòn juguetona, tenia una risa clara y contagiosa que supo soltar siempre en el momento adecuado. En cambio, nadie la vio llorar jamás.
A veces le dolìan el aire y la tierra que pisaba, el sol al amanecer y la cuenca de los ojos. Le dolìan como un vértigo el recuerdo, y como la peor amenaza, el futuro. Despertaba a media noche con la certidumbre de que se partirìa en dos, segura de que el dolor se la comerìa de golpe. Pero apenas habia luz para todos,  ella se levantaba, se ponìa la risa, se acomodaba en el brillo en las pestañas, y salia a encontrar a los demás como si los peores pesares la hicieran flotar.
Sanchis Cortes 
Nadie se atreviò a compaderla  nunca. Era tan extravagante su fortaleza, que la gente comenzò a visitarla para pedirle ayuda. Cuàl era su secreto? Quièn amparaba sus aflicciones? De donde sacaba el talento que la mantenìa erguida frente a las peores desgracias?
Un dia le contò su pena a una mujer joven cuyo dolor parecia no tener remedio:
- Hay muchas maneras de dividir a los seres humanos- le dijo -.   Yo los divido entre los que se arrugan para arriba y los que se arrugan para abajo, y quiero pertenecer a los primeros. Quiero que mi cara de vieja no sea triste, quiero tener las arrugas de la risa y  llevármelas conmigo al otro mundo. Quièn sabe què habrá para enfrentar allá."

Angeles Mastretta 
Fragmento de Mujeres de ojos grandes.-


Sanchis Cortes









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