domingo, 2 de septiembre de 2012

Las Brujas no se quejan.






Convertirse en anciana tiene que ver con el desarro­llo interior, y no con la apariencia externa. Una anciana es una mujer que posee sabiduría, compasión, humor, valentía y vitalidad. Es consciente de ser verdaderamen­te ella misma, sabe expresar lo que sabe y lo que siente, y emprender una acción determinada cuando es necesa­rio. No aparta los ojos de la realidad, ni permite que se le nuble la mente. Puede ver los defectos y las imperfec­ciones en ella misma y en los demás, pero la luz con la que los ve no es severa ni enjuiciadora. Ha aprendido a confiar en sí misma hasta saber lo que ya sabe.
Las cualidades de la anciana no se adquieren de la noche a la mañana. Una persona no se convierte en una anciana hecha y derecha automáticamente después de la menopausia, así como tampoco por el mero hecho de volverse vieja una se vuelve más sabia. Sin embargo, hay unas décadas tras la menopausia en las cuales po­demos crecer psicológica y espiritualmente.
"Las brujas no se quejan" es una identificación fun­damental. Es una "norma" básica que describe la con­ducta impropia de una anciana. Quejarse es una actitud que bloquea el desarrollo espiritual y psicológico. La­mentarse impide la comunicación genuina y arranca por la fuerza lo que luego ya no puede otorgarse con li­bertad. Sorprenderse a una misma quejándose es un momento de "¡aja!", esta percepción puede significar el
comienzo de la sabiduría para una quejosa con la capa­cidad de observarse a sí misma y el deseo de cambiar.
Mientras que un espejo normal y corriente refleja la apariencia superficial, las palabras descriptivas pue­den ser espejos en los cuales veamos reflejadas unas cualidades intangibles que tienen que ver con el alma. Cada uno de los trece capítulos que siguen a continua­ción se centra en estas cualidades, sobre todo en aque­llas que son características de las mujeres experimen­tadas y sabias. Al cultivar estas cualidades, el tercer estadio de la vida deviene una época de culminación para la belleza interior y la sabiduría. 
Es la perspectiva lo que convierte los mejores años de esta etapa de la vida en una época especialmente fecunda para disfru­tar de quienes somos, de lo que tenemos y de lo que hacemos. Es una época en que la sabiduría nos insta a que empleemos bien nuestro tiempo y nuestra energía y vitalidad. Es una oportunidad para disfrutar de un mayor número de posibilidades, para experimentar distintos roles y para desarrollar talentos e intereses. Puede ser una época para jugar y expresar los senti­mientos, o una época de creatividad o sensualidad, o una época para la meditación o la terapia, o una época para la familia o, al contrario, una época para dejar nuestra huella en el mundo.
Las brujas poseen la capacidad de alterar las cosas. Lo que digamos y hagamos podrá cambiar un modelo familiar disfuncional. 
Con nuestro consejo podemos animar y facilitar que otras personas crezcan y florez­can. Podemos ser una influencia curativa determinante. Incluso podemos crear un efecto ola a lo largo de las generaciones venideras o en las instituciones y comunidades. Con visión e intención, y dada su presen­cia numerosa e influyente, las brujas, todas juntas, pueden cambiar el mundo.
A pesar de que concebí este texto pensando en las mujeres que están viviendo los mejores años de la postmenopausia, si esta lectura te aporta algo a pesar de no encontrarte todavía en este momento de la vida, ¡tanto mejor! ¡Ojo al dato, preancianas!
Asimismo, aunque los hombres sufren el impedimento de la so­cialización y la fisiología, algunos son excepcionales y pueden llegar a poseer las cualidades de la anciana.
La mujer que lee las trece cualidades y le divierte advertir que se identifica con ellas, con la idea de ser o convertirse en una anciana, y lo ve bajo un prisma positivo, es una mujer sabia. La mujer que ve en algu­na o en varias de estas cualidades lo que desea desa­rrollar en sí misma y encuentra la fuerza para realizar­lo en estas palabras, es una mujer que evoluciona.
La vida entera es el material con el que todas tene­mos que trabajar. Hasta que este período no haya con­cluido, todas seguimos estando "en el proceso", invo­lucradas en una historia inacabada. Lo que hacemos con la vida es nuestra opera magna o gran obra de cre­atividad personal. Si adoptamos el punto de vista de una anciana, nos veremos a nosotras mismas y vere­mos a los demás desde el ámbito del alma en lugar de desde el ego. Envejecer bien es un objetivo que vale la pena desear.

Jean Shinoda Bolen, de su libro "Las brujas no se quejan"






























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