lunes, 15 de octubre de 2012

Historias de cocina...





Me siento gratamente cercana a las pinturas que nos muestran escenas cotidianas, familiares y comunes. El arte figurativo inspirado en la vida de las personas simples, muchas veces extraidas de la memoria misma de los pintores, llegan a ser el testimonio de un mundo que continùa fuerte y vigoroso, apartado de los estertores de este siglo XXI, violento y desgarrado.
Es lo que nos permite ver el pincel de Michael de Brito, un pintor estadounidense que ha rescatado de su memoria, las raices portuguesas de su Abuela, el cuidado de la familia, las comidas en torno a una mesa en la que todos hacen el intento de estar, como una especie de rito para aferrarse, permanecer e identificarse.


La mayoria de las escenas se desarrollan en una abigarrada y càlida cocina, un lugar acogedor y reconfortante, en donde esa Abuela portuguesa cocina y da la bienvenida a todos los que llegan a compartir no sòlo su comida, sino los valores de la familia. En un mundo centrado en la juventud y la belleza, es una sorpresa hallar este tipo de pinturas que plasman viejos valores que insisten porfiadamente en permanecer, para suerte de todos.



Cada pintura de Michael de Brito es una invitaciòna involucrarnos en la historia que nos presenta y que deja abierta para que la completemos con nuestra imaginaciòn.  Las personas en torno a la mesa tienen vìnculos, pero los desconocemos, tambien sus historias, sus dichas y tristezas, pero podemos jugar a descubrirlas a traves de sus gestos.


Nos permite asomar y a examinar la vida, a que nos involucremos, que no pasemos simplemente la mirada buscando otra cosa, sino a que permanezcamos y observemos las fuentes con la comida, el vino generoso, el delantal de la Abuela, la correcciòn en el uso de los cubiertos, el florido mantel. Seguramente hay algùn visitante inesperado entre ellos, alguien que ha llegado sin ser invitado pero que es bienvenido a la mesa.
Me gusta advertir casi una vida propia en cada uno de los personajes retratados, casi como si estuvieran de espaldas al pintor, sin importar quien crea a quién, ellos son lo que son  y viven independientemente de quien los observa. Esas vidas, cada persona y cada objeto inanimado juega su propia papel en las escenas.


La olla con la comida en el centro de la mesa trasmite algo muy profundo, algo que tiene que ver con la esencia misma de la familia en donde todo se comparte y en la que el rol de quien hace los alimentos, es de enorme importancia.  De cuadro a cuadro pueden cambiar los manteles y los comensales, pero a pesar de ello existe y se trasmite una historia que se continùa, que se saltea la rutina de la prisa de la sociedad moderna, para reconocer estos rituales sutiles que invitan a reflexionar. Me gusta advertir la cohesiòn entre esas pesonas, hay vìnculos entre ellos, hablan, se comunican entre trago y sorbo, hay uniòn.


Pienso que son las cocinas de una casa cualquiera la que revela las historias más íntimas sobre un lugar y  un tiempo determinado. En ese lugar se dejan de lado las pretensiones, en donde el trabajo - duro y creativo - de la cocinera es una proeza de todos los dìas, en donde todos se vuelven humildes al sentarse en torno a la mesa a degustar lo preparado. Por eso, la secuencia que sigue me parece soberbia, ya que deBrito nos muestra la secuencia de la faena y elaboraciòn de fiambres y chorizos, seguramente siguiendo la receta de la Abuela memoriosa, acompañada por quien será, seguramente, su sucesora... Un placer para los sentidos que les invito a compartir...










Se agolpan mis propios recuerdos de infancia, de familia, de mesas concurridas, de personas con fuertes vìnculos... que ya no están...

































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