jueves, 13 de diciembre de 2012

Héctor Acevedo, el misterio del silencio...

El mes de Diciembre  y sus particularidades,  han atentado  contra el deleite que  significa el pasearme por imágenes y colores, conociendo a los artistas, esos seres que tienen la chispa de la creaciòn en el alma y la destreza de los dioses en sus manos.
La última entrada en el Blog fue dedicada a  la obra de un peruano - Johnny Palacios Hidalgo - que nos atrapó con su mensaje de fusiòn y creaciòn a partir de la propia  historia de su paìs, hoy es otro ciudadano del Perù quien nos provoca, Hector Acevedo.

Manifiestamente influenciado por la pintura de Picasso y Tamayo, la obra de Acevedo impacta en la primera mirada por su cromatismo fuerte y variado, como asì tambièn por el misterio que encierran sus cuadros. No son fáciles de desentrañar, deliberadamente el pintor provoca la imaginaciòn del observador, le da pistas, le tiende la mano pero no le enseña el camino,  sabe que el misterio  es el secreto del arte.

En la evoluciòn creativa de este pintor, los estudiosos señalan dos periodos muy diferentes y marcados; uno bastante esquemático y simple, aprisionado aùn en un cromatismo limitado y trazos de lìneas duras y marcadas.
Las obras de su segundo periodo son las que me han interesado más, con las que he sintonizado y establecido el contacto que me provoca conocerlo. Quizás porque el ámbito de los sueños y la imaginaciòn son mi debilidad y en ese mundo surrealista las composiciones son más hospitalarias, y la mirada encuentra vuelo para conectarse con la esencia del pintor.-
Los escenarios fuertemente polìcromos de Acevedo se pueblan de figuras femeninas, de perros y caballos; àrboles y casas, nubes y seres producto de un mundo soñado encastrado en la realidad y, sobre todo y más interesante, de miradas comunicantes más allá de cualquier palabra.




Las figuras no tienen boca, son sus ojos los que nos quieren trasmitir lo que sucede, y es en ese aspecto en donde tambièn radica la fuerza del mensaje. Las formas de las mujeres se adueñan del cuadro, lo ocupan y se instalan desde su expresiva mudez.



En algunas culturas los perros simbolizan la compañía que guìa a las almas por el buen camino, y pienso que esa es la funciòn que les atribuye el pintor en este mundo en que coinciden seres humanos, animales y objetos en obligada convivencia.
Las mujeres seducen con su mirada, pero ajenas a lo sexual; existe un freno que parece impedirlo, que obstaculiza su intención de comunicar lo que se encierra en jaulas sin pájaros, portadoras de hojas con funciòn de mordaza. 



Cada cuadro es un universo en sì mismo, en donde emergen las figuras, las casas, nubes, iglesias, ventanas y, sobre todo, ojos que escudriñan, que parecen establecer su propia comunicaciòn más allá de la intenciòn del pintor.  Eso genera enigmas, sentimos que hay cosas escondidas, situaciones secretas.
Es el propio Acevedo que nos aclara sobre estas mujeres sin boca y lo que las rodea:
"Generalmente los personajes fueron perdiendo la boca a traves de procesos de creaciòn.  Todo parte de los ojos, incluso rebusco en las manchas, una mirada. Es que siempre he sentido que  he estado buscando otro modo de comunicaciòn, algo que vaya más allá de lo oral. Quizás, indagar en el plano onìrico, en los sueños. Tengo la impresiòn de que en los sueños  no hay voces, sino certezas."
De este modo, el pintor parece buscar refugio en  un universo de miradas, en esa  especie de comunicaciòn casi metafìsica donde las voces de los personajes resultan innecesarias e incluso, inùtiles.- 


Las hojas de coca que cubren los labios de las mujeres,  reflejan un ritual muy antiguo del altiplano que consiste en ponerlas sobre la boca de los difuntos para que se comuniquen con el más allá; y Acevedo nos dice al respecto: " y eso era justo lo que yo estaba buscando, es decir, una forma de comunicaciòn más profunda que la terrestre o la humana...No pretendo callar a las mujeres ni a nadie, es sòlo que mis personajes expresan más sin boca, todo está en la mirada".






La desnudez que se insinùa en algunas figuras, no es provocativa ni eròtica, es un accidente que enriquece visualmente la composiciòn. 
 En muchos de sus cuadros, la imagen femenina se mezcla y yuxtapone con árboles y animales, reales e imaginarios, internándose con vehemencia en lo surrealista, pero sin dejarnos al márgen, nos involucra e invita a pertenecer, a ser parte del hecho artìstico que pone ante nuestra mirada y por la que no podemos permanecer indiferentes.





La construcciòn de cada cuadro se realiza a partir de los colores, los fondos oscuros y los planos rojizos, el bermellòn, los azules intensos; pero todos ellos transparentan experiencia vital, profundidad y estados de conciencia.  Existe  un perfecto diàlogo entre fondo y forma, ninguna predomina ni doblega a la otra, no se distrae entre lo que siente y lo que hace,  hay coherencia perfecta entre lo que piensa y lo que ejecuta. La plasticidad de Acevedo nos sacude  porque consigue naturalmente, vincular con solvencia los aspectos semánticos del cuadro, es decir las relaciones entre las figuras y la realidad que representan;  el aspecto sintáctico  en la armònica relaciòn entre figuras y colores y, por último, el pragmático, esa magia que se produce entre la obra de arte, el creador y el observador.-  




Si bien la atmòsfera que trasuntan algunos cuadros parece amable y acogedora, no se puede afirmar que sean propias de la felicidad o del amor; salvo en que por la simbologìa utilizada por el pintor, se deduce que tanto hombres como mujeres, anhelan  establecer contacto, buscan la cercanìa en medio de una naturaleza habitada por criaturas disìmiles, reales o soñadas. Sí percibo soledad, y si afinara mi intenciòn interpretativa de lo que observo, advierto una especie de forzada regla del silencio - más allá de las anteriores explicaciones del propio Acevedo  - que parece decirnos que en el juego del amor, las palabras sirven para mentir  y que más vale callar...


















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