miércoles, 16 de enero de 2013

Rogelio Manzo, retrato fiel...

Cómo captar el alma de una persona? A traves  de la historia de sus hechos y sus dichos?  de sus gestos? ayudarìa saber còmo la ven en su entorno?  Es posible realmente captar el movimiento interno de un ser humano??  reflejar las variables de su humor ? alegrìas y tristezas? la desazòn y la melancolìa?  Es posible  quizás pensar que el rostro que vemos realmente ES el de la persona que observamos?
Pretensiosamente supongo que esas preguntas se las formulò Rogelio Manzo cuando comenzò a incursionar en el arte de los retratos, imprimièndole su sello diferenciador, personal y de profundo significado.
Este notable  mexicano que vive actualmente en Sacramento,  nos recuerda en cada uno de sus retratos que todos tenemos mil caras que están en permanente cambio y,  dando un paso más en la profundidad de su arte y de su postura ante lo que retrata,  nos dice que  internamente - carne adentro -   las transformaciones  se dislocan del mundo circundante y se apartan de paradigmas, de modas, de clichés, de lo que las revistas   intentan  hacernos creer que  es la realidad de modelos perfectos en perfectas composiciones fotográficas.





Es el propio pintor quien nos dice que:  " como artista he sido implacable en mi bùsqueda de la  historia ìntima de una persona a traves de  un retrato fìsico. Donde  más se esfuerzan por reflejarse, más me exijo en mi trabajo para desenterrar la historia que subyace debajo de la superficie."




 Cada minuto que pasa por nuestros rostros deja una huella indeleble, del mismo modo que el pincel deja su rastro sobre el lienzo, capas y capas de vivencias que estratifican lentamente la carne y, junto con los años, la va desfigurando en un movimiento fantasmal e implacable. Ese es el instante que Rogelio Manzo intenta captar en sus retratos, el momento del cambio en su aspecto más aterradoramente real e igualitario, decadente si vamos  un poquito más allá.
Nos dice:  "Un retrato puede llegar a lo más profundo y exponer las historias secretas y la identidad  del modelo. Mis pinceladas revelan  su actitud, la luz se transforma en un buscador de la verdad y la textura puede revelar la angustia emocional o la felicidad de sus sùbditos.En general mi intenciòn es exponer al espectador a  un discurso visceral que trata de nuestra propia integridad  fìsica y la mortalidad".-




Observemos los dos retratos anteriores, el gesto de la mujer, su pose seductora, desafiante, segura de su lugar en el mundo; sin embargo su boca dibuja un rictus de amargura, resaltado en rojo en el marco de  un rostro macilento y gris. 
El rostro de un joven del que se puede apreciar su apostura a pesar del trazo intencionado del pintor, con     su ropa impecable, el nudo de la corbata sobre  la camisa que armoniza, las solapas del  abrigo  y todo el conjunto que podria sugerir la elegancia y el aplomo de un modelo o artista, se apoya en  una cuadrìcula  geométrica, imagen del cuidado y la perfecciòn  con que alguien desea mostrarse o mostrar. Sin embargo todo ese esfuerzo en la postura y los detalles exteriores, no logran disimular lo que sì  capta Manzo y lo plasma en esos labios demasiados  rojos y llenos, en la coloraciòn de una piel que parece golpeada, su nariz doblada y los ojos borrados a fuerza de pincel, sin posibilidad de vislumbrar su mirada y a traves de ella -  quizás, no lo sabemos  - algo de la persona que realmente es.


En ocasiones el retrato está al borde de lo macabro, la piel y la  carne lasceradas,  sanguilonentas; espejo de la tristeza que parece embargar a la mujer, en un gesto de abatimiento subrayada en la postura cabizbaja y sin posibilidad de conocer su mirada ya que la pintura ha sido intencionalmente raspada por el pintor.  Esa mezcla de belleza y horror que tienen muchos retratos de Rogelio Manzo tienen el mismo atractivo que esos films de terror en que, aùn con miedo,  permanecemos aferrados a nuestro asiento , sin poder quitar la mirada de la pantalla.  



Macabro es vislumbrar que los estereotipos con que hemos sido forjados en una sociedad que se nutre de lo superficial y pasajero, no son más que eso, imágenes falsas que nos han falseado la realidad; una realidad de la que Manzo se apropia y  hace su misiòn el revelárnosla a traves de sus retratos.



Nos dice Manzo ante su innegable fascinaciòn por los rostros humanos: "Es lo primero que veo por la mañana, el rostro de nuestro ser querido, de nosotros mismos, los rostros de todo el mundo...", y añade: " Fui al retrato ... porque yo querìa explorar lo que somos, como raza humana."-


 Ha sido una experiencia fuerte  conocer estos retratos en que la mortalidad que hermana a los seres humanos, se nos muestra con tal  intensidad,  haciendo hincapie en el aspecto más cercano, más ìntimo  y  real que es el de nuestro ser carnal, pasible de permanente transformaciòn, de degradaciòn no siempre visible. 
Rogelio Manzo nos recuerda, sin concesiones, que  la vida es un momento muy breve entre dos inmensidades, que la carne es apenas el intento - infructuoso - de aferrarnos a lo más corrosivo que es el propio Tiempo.
Somos mortales, estamos muriendo a cada instante, en cada cèlula que se apaga...
Me cuesta sobremanera adherir a ese mensaje, quizás por que aùn creo que  es mi alma, en definitiva, la que se escapa a estas  honduras desesperanzadas de Rogelio Manzo.-


Rogelio Manzo













 

2 comentarios:

  1. Hola Mercedez,

    Me he encontrado accidentalmente esto que has escrito y me da mucho gusto y placer saber que lo que hago despierta tanto en artistas como tu.

    Un fuerte abrazo.

    Rogelio Manzo

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  2. Hola, recien regreso luego de una ausencia de meses, y me he encontrado con esta hermosa sorpresa! No es frecuente, para mi al menos, que el artista sobre el que he tenido el atrevimiento de comentar su obra, tenga la deferencia de hacerme llegar su impresiòn sobre el mismo. Todo lo que digo es desde el mayor respeto por autor y obra, y si en algo puedo equivocarme, agradeceré muchisimo se me corrija.-

    Recibe tù tambien un fuerte abrazo desde Uruguay!
    Mercedes Rodriguez Ramirez.-


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Por aquì los espero...