sábado, 27 de abril de 2013

Eduardo Ungar, Buenos Aires naif...

Me acompañan??  No será un viaje extenuante, tampoco necesitan equipaje, apenas vuestra mirada y  la disposiciòn para recorrer calles que no me son desconocidas,  personajes familiares, escenas y costumbres que siento muy cercanas.
Nos internaremos en el tiempo y lograremos respirar los "Buenos Aires"  de la Reina del Plata...



Eduardo Ungar es el nombre de este pintor argentino,  que comparte su mirada naif y colorida, de una Buenos Aires tìpica  y  a la vez soñada.
 Los puestos de flores en las calles,  esos estallidos de color que iluminan cualquier esquina de un barrio porteño, son la puerta por la que ingresamos a esa ciudad que guarda recuerdos y secretos que el pintor nos revelará.



Los personajes se nos muestran sencillos y laboriosos, el equilibrio de la escena se da no sòlo en el manejo de los volùmenes, sino en el cromatismo y en la acción de las figuras.

Dejamos los puestos de flores, y nos vamos internando por calles y esquinas pobladas de pintorequismo y evocaciòn.





Desde una despedida a la entrada del Metro, hasta la aventura de los pasajeros en los viejos colectivos por calles empedradas y barrios obreros... y el desperfecto que sorprende, y el chofer que no vacila, linterna en mano...





Continùan los desperfectos,  los transportes se detienen,  y los pasajeros trasbordan a otro colectivo...,  y en toda esa peripecia, hay tiempo aùn para darse un beso furtivo en el ùltimo asiento,  u observar las piernas de una pasajera que desciende presurosa.

La mirada de Eduardo Ungar es minuciosa y detallista,  conoce la materia de sus cuadros y còmo trasmitirla, recrea escenas comunes, muy simples y a todas las  abriga  con  nostálgica ternura.





Infaltable el "bar de la esquina", lugar de encuentro y trasnochadas de los parroquianos en torno a la mesa de billar...



Y en las  salas de baile, el apartado para los encuentros,  y más acá  la mujer que  retoca su maquillaje para ser parte de "la milonga"...




La sala está concurrida...

                                     
                             mùsica, baile y canciòn...

Mientras,  en las calles del barrio los jóvenes "pizpean" a las chicas en una suerte de juego de seducciòn en que ellas se muestran y se brindan, pero de lejos...aún!



Y si el barrio esta de acuerdo, un tablado y una orquesta en que se luce el bandoneòn...


                     y las parejas se arman haciendo giros y dibujos sobre las baldosas gastadas y desiguales...

El barrio porteño - como el de cualquier otra ciudad - es el escenario de casi todas las circunstancias  que pueden acontecerle a cualquier ciudadano, allí se nace, se va a la escuela, nacen amistades y parejas..., el barrio es contenciòn y despedida,  y al que siempre se regresa aunque sea, para corroborar "què cambiado que está"...


Llegan nuevos vecinos, nuevas historias que no pueden dejar de ser comentadas por las Comadres del barrio las que, con el pretexto de barrer la vereda, no pierden detalle de los enseres de los nuevos vecinos, una evaluación primaria para calificar...



Un barrio que se precie de tal, debe tener a dos o tres Comadres bien identificadas que harán correr las historias de los vecinos, como a traves de un hilo invisible y tan comunicante como el de un teléfono real. Vamos a detenernos un momento en este cuadro, es riquìsimo, pleno de significados e historias que se nos cuentan.. En primer plano tenemos la calle y la actividad normal de barrio, pero nuestra mirada es atraida hacia algo que sucede en un segundo plano, tras esa puerta roja sobre la que un hombre y una mujer se abrazan con pasiòn. No está cerrada esa puerta, por eso observamos con descaro lo que no se esconde, algo ìntimo que está siendo expuesto a la opiniòn pública representada en  esas escobas que no sòlo sirven para barrer veredas, sino tambièn reputaciòn.  Los gestos de las tres Comadres rebelan distintas emociones y posturas frente a esa relaciòn pasional que ha sido descubierta. Una que parece no dar crédito a lo que ve, mientras las otras dos disfrutan ya con el material que tienen para compartir por las calles del barrio.-
En esta escena el pintor enfrenta dos planos bien diferenciados, el de lo privado y el de lo pùblico, y entre ambos la presencia de las chismosas que desconocen esos limites y entran y salen de ellos, con total impunidad y, aventuramos,  sin cuestionarse lo más mìnimo el derecho que pueden tener o nò.-

Creo que el pintor provoca el análisis de sus cuadros en un aspecto que no es el meramente pictòrico o narrativo, existe una intencionalidad social, una mirada más profunda en las costumbres e ideosincracia de esa ciudad en la que naciò  y en la que aún vive.-  Que su trazo sea naif, no significa que haya ingenuidad en su obra, sino la evidencia de un agudo observador de la realidad que ha encontrado un recurso expresivo que le permite navegar entre la inocencia y lo que no lo es.-


 Los patios de las casas con sus parrales sombrios, son otro escenario para estas historias de gente comùn.



Pero hay otro nivel en el barrio en donde la vida continùa con sus propios ribetes y color:  las azoteas.
Alli no solo se cuelga la ropa al sol, tambièn se confraterniza con los vecinos..., lo que es, realmente, el alma de los barrios, esa intrincada teleraña de vìnculos de afecto y desafectos, de historias pequeñas y cuentos para pintar.
Nos vamos alejando de este barrio en el que Eduardo Ungar ha sido un guìa de privilegio, llevando en la memoria de los sentidos el pregòn del escobero y....



la voz de Adriana Varela , con sugerente  y honda entonación...



Les gustò...?  espero que sì !








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Por aquì los espero...