martes, 23 de abril de 2013

Rose-Aimée Bélanger, las manos que crean

Ella hoy tiene 90 años, y no sé si continùa creando, pero toda su vida ha sido un canto a la creaciòn en todas sus formas, de todas aquellas maneras que una mujer puede hacerlo a traves de sus manos y con amor.
Me refiero a Rose-Aimée Bélanger, una artista canadiense, escultora de renombre en su pais que, privilegiò  durante 25 años la atenciòn de su familia - tuvo 8 hijos - antes de dedicarse a lo que era su vocaciòn desde niña.- 
Me gustan estas historias de mujeres, de esas que apenas postergan por el lapso en que se sienten llamadas a otras responsabilidades, pero que no renuncian a la respuesta que necesitan dar a esas voces muy hondas que las llaman desde otro lugar, ajeno a veces a su quehacer cotidiano.-


Naciò el 4 de julio de 1923 en Guèrin, en Temiscaming, Quèbec, y  ya durante su infancia, sin estìmulos familiares ni de su entorno más inmediato, dio muestras de su marcado interés por el arte.  Cuenta que desde muy pequeña, uno de sus pasatiempos favoritos consistìa en dibujar a las señoras que observaba en reuniones familiares, en ceremonias religiosas, en cualquier lugar adonde concurrìa, para luego mostrarla a sus Padres, desafiandolos a que las reconocieran.-
De jovencita se trasladò a Montreal para estudiar ciencias sociales en la Universidad, sin embargo - y en secreto - se matriculò en los cursos nocturnos de la Escuela de Bellas Artes de esa ciudad.-
El llamado del arte era muy fuerte, pero más lo fue el amor, ya que conociò y se casò prontamente con Laurent Belánger, en el año 1945,  a quien y en cumplimiento del servicio militar, trasladaron a Nueva Escocia, y allá fue Rose-Aimée con su esposo.
De aquella uniòn nacieron 9 niños a los que dedicò 25 años de atenciòn y, cuando ya podiàn prescindir de sus cuidados, Rose- Aimée comenzò a dar los pasos necesarios para fortalecer su oficio en el conocimiento de nuevas técnicas escultóricas, ensayando con diversos materiales y moldeados.-


Entre 1969 y 1970 tomò clases y tambièn trabajò en cooperativas de artistas del norte de Ontario, enriquecièndose con el intercambio de ideas y proyectos. Estableciò su taller en el sòtano de su casa e inmediatamente hizo su primera venta a un coleccionista privado, entre otros.  
Hacia la dècada de los 80, ya con 60 años, decide explorar nuevas vìas de expresiòn, y es entonces cuando comienzan a nacer este tipo de piezas que, sencillamente, me han fascinado!





Rose- Aimée se inspira en las personas que la rodean, en quienes desarrollan diferentes actividades y tareas en su entorno,mujeres y hombres comunes que se convierten en sus modelos y se inmortalizan a traves de la ductilidad de la arcilla que emplleaba en sus primeros años de producciòn.-
Nunca ha dejado de concurrir a escuelas y talleres, ávida de aprender y compartir sus conocimientos y experiencias, tambièn! 
De esos intercambios fue que poco a poco, y sin abandonar la arcilla, pasa del vitrificado a altas temperaturas, a cubrir sus piezas con bronce, brindàndoles  nueva tersura y brillo que resaltan sus lineas redondeadas y sensuales.-















"Quiero aprovechar todas las facetas de volùmen. Con el tiempo mis figuras son cada vez más imponentes, cada vez más elegantes y sensuales. De hecho, estoy en bùsqueda del equilibrio entre la fragilidad y la redondez".-




















El volùmen presta a cada obra su lugar en el espacio, obviamente, pero las manos de Rose-Aimée delinean gestos y posturas por las que cada una de ellas cobra su propio protagonismo, una identidad peculiar.
Las expresiones, los razgos, en especial las bocas,  nos trasmiten emociones, sentimientos y tambièn, pensamientos que podemos atribuirles con libertad.









Figuras que en movimiento  o en laxa quietud,  se muestran reales y cercanas...






Una indisimulada ternura campea en cada una de sus esculturas, casi la sentimos cómplice y compañera de sus personajes, a los que no echa al mundo desprovistos, sino cargados de historias para descubrir.-






El volùmen no les resta ligereza, y es experta en captar el movimiento y jugar con equilibrios que no son inverosìmiles, sino gràciles y dinámicos.-
Pero si alguna vez caminan por la calle Saint Paul en el Viejo Montreal,  vayan atentos, porque al oeste de Saint-Lauret Boulevard, en un lugar pequeño y recogido, encontrarán una de las obras más hermosas de Rose-Aimée, que le han valido premios y reconocimientos. 
Se trata de "The chuchoteuses"...











La naturalidad y frescura de estas tres mujeres es tal, que  nos hacen olvidar su naturaleza de arcilla y bronce, y casi que, si nos acercamos, escuchamos su entretenida conversaciòn.  Los gestos, la expresiòn de los ojos y sus bocas, las manos  y posturas, nos recuerdan a tantas otras mujeres de carne y hueso que se reunen para conversar y compartir..., ellas tienen la realidad del Arte y el espìritu que Rose-Aimée Bélanger les ha insuflado con sus propias, diestras y sensibles manos.-


Rose- Aimée y su obra han sido un cálido hallazgo que me ha encantado compartir.-
Espero les haya gustado y, tambièn, espero saberlo..!!




















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