sábado, 24 de agosto de 2013

Manfred W. Juergens, la mirada del Maestro...

No sé por què, pero cuando miro los retratos de este pintor alemán, tengo la sensaciòn de que las personas plasmadas en sus lienzos, se han detenido apenas un momento para que Juergens captara sus razgos más distintivos, y luego  han seguido su camino, con una vida que, obviamente, es propia y personal, ajena e independiente de ese momento. Percibo que ha sido un instante apenas, y en ese fugaz momento han sucedido cosas dentro y fuera del cuadro, fuera de la conciencia del pintor y más allá de su intenciòn. El alma de las personas, sus esencias podrán traslucirse - quizas - a traves de sus miradas, y aquel que pueda captarlas, tendrá en su retrato apenas un destello, pero la vida sigue allá,  fuera del marco...Esto asi expresado y que puede parecer una inùtil explicaciòn de lo obvio,  es lo que me ha impresionado de su obra en lo que a retratos se refiere.



Manfred W Juergens naciò en Alemania el 9 de noviembre de 1956. Luego de terminar la escuela secundaria, fue marinero, lo que le permitiò viajar por Suecia, los Paises Bajos y Cuba, en su juventud. Muchas fueron sus ocupaciones y sus oficios, pintor y vidriero, estudiante de diseño cientìfico y fotografìa.
Recièn en el año 2001 Juergens tuvo la primera exposiciòn de su obras en la Galerìa Municipal Baumhaus, en Wismar. Amante de los viajes por el mundo, ùltimamente se ha establecido en Bremen, luego de haber vivido desde el año 2007, en Hamburgo.-




El pintor ha manifestado que la pintura es su modo de comprender un mundo complejo y cambiante, que no se deja aprehender, huidizo en multitud de imàgenes y colores; por eso intenta ser claro y conciso al momento de encarar al modelo, buscando a la persona en concreto, sin adornos ni concesiones.






Juergens busca esa idea, esa impresiòn, ese hàlito que trasciende la tela, la atmòsfera que impregna al modelo más allá de su postura o intencionalidad; si logra traducirlo, siente que realmente esta pintando, que eso es realmente una pintura en el sentido estricto del arte.




Su condiciòn de fotògrafo es la que busca la postura del modelo, ese gesto que añada informaciòn, como en los viejos retratos de antaño en que el entorno y la gestualidad del conjunto contaban algo de la historia.  El primer plano de la anciana oriental, en que cada arruga parece hablarnos de sus vivencias, de las penurias y el rigor de su vida.
 El anciano tras un escritorio que suponemos su  lugar habitual de trabajo, rodeado de libros y un bastòn que, inùtil al encontrarse sentado el modelo, nos da en cierto modo, su caracter venerable y de prestigio; datos son tambièn los periòdicos frente a él, indicándonos el caracter activo y actualizado del personaje. Cuando nos informamos de quien se trata, cuando le podemos poner un nombre y un apellido, terminamos de comprender la escenificaciòn del cuadro; se trata de Helmut Schmidt, uno de los polìticos más famosos y prestigiosos de Alemania, propulsor de la Comunidad Econòmica Europea junto con su par frances, Valery Giscard d`Estaing.
La señora de verde con la flor en la mano nos facilita la comunicaciòn, nos conectamos con ella sin dramatismo. La anciana sonrìe, y el espectador le devuelve la sonrisa. Luego sabremos que se trata de Rut Rupp, una cantante alemana de más de 86 años al momento de ser retratada, conocida y admirada por el pueblo de su pais.  


Sus retratos no  escapan a esa mirada fotográfica que se vincula tanto con el ojo renacentista de un Durero por ejemplo.  Es su adicciòn a la belleza el que lo acerca a los grandes de la pintura, su afán de perfecciòn y, por sobre todo,  la enorme capacidad de asombro, de mostrarnos hasta què punto se maravilla con lo que observa. El manejo cuidadoso de los detalles en aras de la verosimilitud del creador, desde su òptica y atento a la realidad del modelo, nos recuerda a Alberto Durero, el insigne pintor, el más famoso exponente del Renacimiento alemán.  Para muestra...  el que sigue, el autorretrato del Maestro:


Alberto Durero

Manfred W. Juergens













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