miércoles, 18 de septiembre de 2013

Agatha Belaya, fluir en paz

Tienen los cuadros de Agatha Belaya una belleza evasnescente,  algo etéreo, sutil, algo que genera encantamiento.  Y eso es lo que sucediò: me encantò!



Ella misma lo dice: "Para mi la pintura es un intento de conciliar el materialismo y la mìstica de nuestra vida. A veces hay una especie de magia, una sensibilidad conmovedora en las cosas habituales: un movimiento de la mano, un giro de la cabeza, manchas de sombre en un mantel. A veces toda la belleza del mundo se nos revela en los momentos más inesperados. El Otoño... la niebla de la tarde que envuelve el campo, el rìo, los árboles: una escena que no puede dejar indiferente a nadie, y no puedo contenerme, y una y otra vez hago intentos desesperados para expresar esa belleza en el lienzo".




"Expresar el engaño y la fragilidad de nuestra existencia siempre ha sido muy interesante para mi. Por un lado la Naturaleza y la  Realidad,  ambas me fascinan, con alegrìa y asombro he estado estudiando las reglas de sombras y los colores claros, los cálidos y los frìos, la anatomìa y la perspectiva y, por otro lado, puedo ver claramente la ambiguedad de nuestro  mundo, su multidimensionalidad, su brillo.  Y me pregunto: como se puede expresar tanto en un lienzo, en una superficie plana???

Seguramente fueron éstas las interrogantes que se planteo Agatha cuando, en 1995, ingresò en la escuela de arte más famosa de Rusia, en San Petersburgo,  lugar de su  nacimiento en 1957.-

El Instituto Académico de Pintura, Escultura y Arquitectura de esa ciudad la tuvo como activa estudiante, y cuando cursaba su quinto año en ese lugar, fue elegida para formar parte del grupo de artistas que pintarìan los murales de la recièn restaurada Catedral de Cristo Salvador, en Moscù. Sin duda su trabajo fue muy apreciado y al graduarse en el año 2001  como mejor estudiante de su generaciòn, obtuvo una beca y un reconocimiento de la Uniòn Rusa de Artistas que le significò tres años más de estudio de arte individual, en reconocimiento de sus logros académicos y artìsticos.



Frecuentemente hallamos en sus cuadros al tablero y a los jugadores de Ajedrez, es un tema recurrente para el que ella tiene la explicaciòn de sus propios recuerdos infantiles.  Ajedrez e infancia se unen  y se trasmiten como una sola entidad y, a traves de ellos nos comunica la precisiòn, la intriga del juego, pero tambien el romanticismo y la conexiòn con otras épocas.  Aùn cuando aparezca en solitario la figura frente al tablero, siempre existe una relaciòn con el otro, porque el juego no se puede desenvolver en soledad.-


Desde las damas voladoras con que iniciè este post y que fueron las que atrajeron mi atenciòn hacia Agatha Belaya, he apreciado esa singularidad con que retrata lo femenino, esa sensaciòn de ligereza, de  liviandad en el mejor sentido,  en una especie de sabiduría natural y propia de las mujeres que las hace fluir sobre las telas/vida dejando su huella de color y sensibilidad, de delicada y a la vez, contundente belleza.-





Las mujeres juegan con soltura, con naturalidad, no se aprecian en ellas urgencias ni ansiedad, la serenidad se refleja en el donaire con que resuelven los imprevistos de las situaciones y se vuelven cómplices del viento y fluyen con él y en él.




Colores tenues, predominando los blancos, identifican a estas mujeres que se levantan literalmente sobre el resto del mundo, en el caso del ùltimo cuadro.   El blanco simboliza la pureza, la inocencia, lo primigenio, y las mujeres asì reunidas trasmiten esa sensaciòn de entendimiento mutuo y sin conflictos,  la confianza de género entre las amigas que se identifican y disfrutan de su cálida compañía.-  
El color está subordinado a la temática de Agatha Belaya, es eximia electora de los mismos y logra crear atmòsferas apacibles que nos invitan al deleite de la contemplaciòn.



 Las dos figuras en este cuadro son aparentemente diferentes, en su porte, en su actitud pero,  a pesar de ello reina la armonía en toda la composiciòn, en el equilibrio del conjunto, en los colores dispersos y suaves que trasmiten la misma sensaciòn de placidez y calma a la que Agatha se muestra tan apegada al momento de describir a las mujeres de sus obras.-


Si observamos con detenimiento a estas dos mujeres, veremos còmo Agatha las describe diferentes a partir de pequeños detalles: una calzada y otra no,  una con el pelo recogido y otra nò,  los colores del estampado de sus trajes son la exacta inversiòn en la otra..., sin embargo de este juego de diferencias, se trasmite unidad y armònica convivencia.





Sobre la presencia de los gatos en sus cuadros, nos dice la pintora:  "Poco a poco estos pequeños animales comienzan a ocupar porciones cada vez más grandes en mi vida, me atrae su armonìa y belleza.  Para mi los gatos representan un sistema inmutable. Estas criaturas son atractivas, interesantes porque representan todo un universo, un microcosmo". 



... y de eso se trata la pintura de Agatha, la de captar y trasmitir los diferentes microcosmos que son las personas, las cosas, los animales, las flores, el agua de los rios y los colores. Todos parecen autosuficientes, se nos muestran felices y en paz,  no hay prisa, sòlo la decisión de permitirse fluir, dejar que las cosas sucedan, que los acontecimientos no los conviertan en presas y  que un gozo sereno y laxo se adueñe de sus vidas...


















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