viernes, 6 de septiembre de 2013

Tan Wei Kheng, retratos de vulnerabilidad...

Hay quienes pintan por placer,  porque han sido bendecidos con los dones del color y los trazos, del dibujo y la percepciòn diferenciada de la luz y sus mùltiples aplicaciones. Hay quienes a traves de sus pinturas inventan cuentos, nos acercan historias imaginarias, recrean situaciones, agrupan a sus personajes y los hacen actuar a fuerza de talento y diversas técnicas pictòricas.-
Pero hay otros que reunen todos esos dones y los ponen al servicio de una idea, de un propòsito, de una misiòn personal y vocacional.
Es el caso de Tan Wew Kheng, un artista autodidacta nacido en Borneo un 10 de setiembre de 1970, quien al contacto con la realidad de otras personas ajenas a la suya propia, subordinò su maravilloso arte a la misión de darlos a conocer, de mostrarlos a la luz del mundo, de destacar sus particularidades y, tambièn, denunciar el peligro que corren.-




Tan Wei Kheng se ha especializado en retratar a los miembros de las comunidades indìgenas que viven en el interior de Sarawak, zona que se ubica a lo largo de la costa noroeste de la isla de Borneo. Esa zona selvática surcada de caudalosos y peligrosos  rìos, es el habitat de pequeños grupos de indìgenas que aùn intentan conservar su vida natural, en contacto con la Naturaleza, preservando sus costumbres ancestrales.
El pintor tuvo su primer contacto con estas personas, naturales de las zonas más profundas de su pais, cuando vivia en Marudi, lugar al que acudian alguna vez.-
Imaginemos la fascinaciòn que debe haber ejercido en el niño la visiòn de esos seres tan diferentes, con sus cuerpos tatuados, los lòbulos de las orejas alargadas hasta sus hombros, y todos los elementos que los acompañaban y  hacian de ellos algo extraordinario y misterioso.
El joven Tan Wei tenia una natural facilidad para el dibujo, nadie se lo enseñò, salvo lo que aprendiò en libros que buscaba ansiosamente para obtener informaciòn, algo de ilustraciòn que lo inspirara y guiara técnicamente.

Para pintar sus retratos  hiperrealistas, utiliza todo tipo de técnicas, desde el acrìlico hasta el lápiz, pasando por el òleo o el pastel, y todo lo logra con magistral destreza y tal percepciòn, que sus modelos se comunican con el espectador desde el alma trasmitida por sus ojos y  todo el cuidado que Tan Wei pone al momento de captar el momento, el gesto, la circunstancia, el color.




Para llegar a encontrarse con estas comunidades, Tan Wei debe recorrer cientos de kms a traves de montañas y navegando caudalosos rìos, pero sus obras han llegado a grandes coleccionistas, no sòlo de Malasia, sino de todo el mundo, haciendo evidente que la labor de este joven es un documento invaluable que destaca la vulnerabilidad de estas personas ante el avance de la civilizaciòn que depreda sus zonas de caza  y sobrevivencia natural.





En sus retratos capta a los ancianos y a los más jòvenes, niños y adolescentes que representan los dos extremos de la vida y, además, resalta la ausencia de la generaciòn intermedia, quienes se han ido a las ciudades.  



El vìnculo estrecho y amoroso que traducen estos retratos, en donde abuelas y niños se ven complacidos en  mutua compañìa, le presta a los cuadros la fuerza de un testimonio de enorme fuerza humana, vivencial  y real.



 Las abuelas trasportan a sus nietos o rodean con sus brazos a las criaturas que se muestran seguras, amparadas en un cìrculo de amor que se traduce en sus miradas. Realmente conmovedoras son estas imágenes ya que no podemos sustraernos a la visión de un futuro, quizás no muy lejano, en que ellas - las abuelas - ya no estén allì.
Tan Wei tiene el natural virtuosismo mezclado con su propia sensibilidad, de captar y trasmitir el caracter y el alma de estas personas, les presta carnalidad, los convierte en algo vigente y testimonial, real.



 



Los rostros surcados de arrugas, de pliegues que les ha ido dejando la vida y sus experiencias, convierte a estos ancianos, en seres venerables ante los que la reverencia es espontánea y merecida. Las expresiones captadas son de enorme fuerza, podemos imaginar un estado de ánimo y el caracter de esas personas tan alejadas de nosotros geográficamente, pero tan cercanas en su humanidad sin tiempo ni distancias.




Los niños, más allá de sus atavìos y costumbres, son sòlo eso: niños... y toda la inocencia y la frescura de su condiciòn nos llega al corazòn.




Independientemente de las costumbres, de los adornos, de los tatuajes y herramientas,  Tan Wei logra ponernos en contacto con la humanidad de estos seres, nos dice en su maravilloso lenguaje que existen, que están allí, viven y son extremadamente vulnerables. Son seres que aman a sus hijos y protegen con amor a sus nietos, preservan con pasiòn y sacrificio sus costumbres y tienen el mismo derecho que cualquiera de nosotros a mantenerse sobre la faz de la tierra en el lugar que les tocò nacer y vivir.-




Dejo a este pintor  y a su gente, con emociòn..., tocada por su  mensaje, sensibilizada por esos rostros y esos seres que han tenido el mismo privilegio de la vida que todos, pero a los que la llamada civilizaciòn está relegando y restándoles el derecho a la sobrevivencia pacìfica y armoniosa con su medio, con su habitat natural, un derecho que Tan Wei Kheng defiende y difunde a traves de sus magnìficos retratos.-






















3 comentarios:

  1. Tan lejos y tan cerca, pensaba cuando miraba las primeras pinturas y justo tú lo decías más abajo.
    Me gustan mucho las pinturas étnicas, porque son una forma de encontrarse con civilizaciones tan distintas, que se genera una gran curiosidad acerca de qué piensan, más que nada, de los acontecimientos y de la vida misma. Tendrán una mirada distinta a la nuestra... o quizás no...

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  3. Si los ancianos que pinta son seres venerables y la reverencia es merecida, no es menos digno de ello el pintor que, además de ser un gran artista, con su hermosa obra transmite al mundo la injusticia cometída hacia estos seres que lo único que quieren es vivir en paz.

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Por aquì los espero...