sábado, 14 de septiembre de 2013

Victor Bregeda, visita al Surrealismo

Cuando nos asomamos a una obra surrealista estamos expuestos a cambiar profundamente, sòlo es necesario abandonar los preconceptos, los paradigmas, la lògica y volvernos permeables y dòciles a los sueños y a la imaginaciòn.
Cada pintura surrealista es una provocaciòn a lo establecido, a lo que el comùn llama "normal" , propicia los quiebres y las aperturas, opera en las mentes como un catalizador que, cuando es aceptado, nos convierte en curiosos exploradores de ese territorio magnìfico e inacabable que es lo onìrico.
El pintor nos invita a seguirlo, nò necesariamente a comprenderlo, porque sus sueños son suyos, y los nuestros pueden ir por otras zonas, pero siempre se produce un punto de contacto, que impulsa a ingresar  esos mundos imaginarios.  De todos modos, como seres en el mundo, y  más allá de una educaciòn a propòsito del arte y su comprensiòn, existen sìmbolos de universal decodificaciòn que cualquier observador interesado puede usar como guìa para su propia  interpretaciòn.

Victor Bregeda,  ruso nacido en 1963, proviene de una familia de pintores de los que obtuvo la facilidad para canalizar su vocaciòn e inquietudes artìsticas.-  De formaciòn académica en sus primeros años, prontamente se alejó de lo formal y clásico, para incursionar en terrenos surrealistas, lugar en que encontraba las vias expresivas más adecuadas a su inspiraciòn. Reconoce que los artistas que más le inspiraron fueron Leonardo da Vinci,  Brueghel  y Marx Ernt, por lo que deducimos su eclecticismo al momento de elegir sus modos y técnicas pictóricas.-
Ingresemos ya mismo a esos mundos de Bregeda, y comprobarán còmo se puede incursionar por ellos con soltura y sin presiones a nuestro intelecto, porque la decodificaciòn de su simbolismo, no nos resultará complicado ni trabajoso.-


La sombra de dos figuras humanas, un hombre y una mujer, separados por un profundo barranco desde el cual nace el tallo de una manzana, un filoso cuchillo que se atraviesa sobre la oquedad, trozos de la fruta, una pareja a lo lejos, y la imagen insinuada de Dios en la superficie de la fruta.-
Hasta aquì la descripción de lo que ven nuestros ojos fìsicos, los que apelan a la razòn, a la lògica y en una primera instancia es posible que no encuentren el punto de contacto con la trascendencia que le ha dado el creador, Bregeda.-
El nombre del cuadro puede ser una muy buena pista:  "REUNION", y por ella comenzamos a incursionar y dirigimos la mirada a las figuras ubicadas a los lados del cuadro, la del hombre y la de la mujer separados por el barranco que, percibimos, termina justo en donde nace el tallo de la manzana.  Para toda la cultura occidental y cristiana, la manzana es el inequìvoco simbolo del pecado original, testigo de la relaciòn hombre/mujer, que - segùn lo que interpretamos - Bregeda comprende y trasmite como un vìnculo quebrado por una grieta, obstaculizado por ella.  Vamos completando la interpretación al observar còmo el cuchillo se ubica sobre el barranco como un puente que comunica las dos mitades cortadas y que estaban destinadas a estar juntos, originalmente. Significativamente el filo del cuchillo está  hacia arriba, lugar por el que deben transitar el hombre y la mujer para lograr su reencuentro, insinuando lo doloroso, difícil y complicado que puede resultar restablecer esa vieja conexiòn.  Observamos a continuaciòn que el barranco termina en el lugar que nace el tallo que sostiene a la manzana en su plenitud, lozana y hermosa, una imagen transgresora, que parece romper con el sentido comùn, con lo que conocemos como posible; pero al descubrir el rostro de Dios en la misma fruta, sentimos que ese encuentro es parte de la sabiduria divina, del mismo modo que fue cortado en el pasado, en el Paraiso.  Victor Bregeda puebla de significantes bìblicos la totalidad de su cuadro, y el romanticismo de la pareja que camina hacia el fondo del mismo, no es más que el triunfo -  trabajoso, doloroso y sacrificado - del amor humano luego de pasar por tales pruebas.-


Este cuadro lleva por nombre: "DEJANDO EL EDEN"...  y ya nos resulta más fácil la interpretaciòn, viendo en juego prácticamente los mismos elementos del anterior. 
Se trata del momento mismo en que Adán y Eva, luego de haber probado de la fruta del àrbol de la Ciencia del Bien y del Mal, son expulsados del Paraiso.   Las manzanas cortadas por el filoso cuchillo en cuyo mango está enroscada la serpiente, es de clarìsima interpretaciòn, como asì tambien la descripciòn del Paraiso sobre una bandeja de plata.  Hombre y Mujer abandonan ese lugar perfecto, y se aprestan a conocer los sufrimientos de la árida tierra que pisarán desde ese momento.   El rostro venerable de Dios se trasluce en el ángulo izquierdo del cuadro, dibujado entre las nubes, observando còmo su máxima creación asume la responsabilidad de sus propios decisiones.


Continuando con los cuadros de inspiraciòn bìblica, Bregeda describe en este cuadro llamado SEPARACION DEL MAR, una escena de gran dramatismo.  La tribulaciòn y el horror de los barcos destruidos en el fondo del mar, el mar separado en dos mitades amenazantes y, en el centro mismo de ese drama, un plato refulgente en que navega una barca, serena y confiadamente.  Al desconsuelo de la tripulaciones de los barcos destruidos, se contrasta la confianza y seguridad de los que navegan esta nave que se deja llevar, confiadamente, guiados por la voluntad de Dios.  Si observamos con atención, corona toda la escena, en lo alto, el OJO DE DIOS.-


La interpretaciòn religiosa y cristiana de Victor Bregeda impera en todos estos cuadros y, en este llamado CAMINO A LA REDENCION, nos trasmite su concepciòn filosòfica del perdòn y la expiaciòn.
El cuadro guarda un perfecto equilibrio en el conjunto de sus elementos, asi vemos còmo está dividido al centro, por un largo camino serpenteante que conduce al Cielo.- Por ese camino circulan las almas humanas conduciendo carros con sus pesadas cargas, en un viaje que parece no terminar.  El significado es muy claro al observar que cada carro transporta una manzana: simbolos del pecado original, no son más que la representaciòn de las cargas que los hombres llevan sobre su conciencia y que deben expiar en el largo camino de su vidas.-
A la derecha de la composiciòn,  sobre una torre de vigilancia, una vela encendida.  Como sabemos, la vela y su luz son el simbolo de la iluminaciòn de Dios, la llama de su Gloria que custodia el Angel de la Guardia, protector de las almas que buscan su expiaciòn y el perdòn de sus pecados.-  Este, como otros cuadros, nos exige ser buenos observadores, descubrir los detalles que se reunen en él porque, cada uno y en el conjunto, tienen un significado que hace a la totalidad de lo representado.  Miren hacia el ángulo inferior izquierdo, sobre la roca, la figura femenina de cera fundida, como asì tambièn bajo la torre del vigia, la figura masculina.-
Sobre toda esta escena, las nubes dibujan las figuras de la Santìsima Trinidad, comunicàndonos que todo ese camino de expiaciòn y perdòn, se hace bajo la mirada de Dios y en su asistencia. La búsqueda de la paz y la reconciliaciòn no puede ocurrir apartados de El, y ese camino con su asistencia, conduce al Reino de los Cielos, lugar en que verán los rostros de la Santisima Trinidad.


Este cuadro ha resultado ser uno de mis predilectos, de clarìsima simbologia plasmada en elementos simples y sencillos, trasmite con enorme fuerza la concepciòn que Bregeda tiene del SACRAMENTO, que asì se llama.-
La mesa tendida de la ùltima Cena, antes del sacrificio de Jesùs en la cruz.  Las doce barcas son los doce Apòstoles, representados en funciòn de su misiòn: ir a los confines de la tierra para llevar el mensaje de Jesùs. No necesitan explicaciòn el pan y el vino, sìmbolos tradicionales de la cultura judeo-cristiana del Sacramento de la Comuniòn.  Transparente tambièn es la simbologìa de la llama de la vela encendida sobre la mesa y, sin duda , la ubicaciòn sobre ella tiene su propia significaciòn. La perspectiva de la escena nos sitúa, como espectadores, en la cabecera de la mesa con nuestro propio trozo de pan y el vino frente a èl; y observemos que la ubicaciòn de los apóstoles-barcas parecen fijar su atenciòn en el espectador(nosotros), y no en Jesùs- vela encendida. Ha sido ésto lo que me ha  gustado e impresionado más, ya que lo percibo como una especie de desafio sutil - pero desafio al fin -que se nos hace como creyentes, a asumir nuestro rol de discìpulos y ser capaces de vivir el Sacramento como Jesùs lo enseñò y nos pidiò que lo divulguemos en el mundo.-  Al final, el espectador es invitado a ser otro Apòstol y a dar testimonio a traves del pan y del vino, como discìpulo de Cristo.- Hermoso de verdad!


Frente a un tablero de ajedrez que se pierde en el infinito, una pareja muy particular frente a frente.   A la derecha la figura florida representa a la Naturaleza, a la izquierda la figura compuesta por construcciones, simboliza todo lo confeccionado por la Humanidad, la cultura y sus objetos.  El juego es tan infinito como el tablero que se pierde en el horizonte y las piezas del juego parecen haber sido retiradas del mismo y  ubicadas, en primer plano, sobre la mesa, desordenada y caòticamente.  Los jugadores sòlo tienen una pieza sobre el tablero, la figura de un hombre y su caballo para el de la izquierda,  y una flor para el otro. Aunque el tablero se pierde en el infinito, observemos que la escena parece desarrollarse en una habitaciòn cerrada, impresiòn que es reforzada por una lámina que parece colgada de una pared; y esa lámina es nada más y nada menos, que la representaciòn del ying y el yang, antiguo sìmbolo de la interacciòn de los opuestos. Los cuadros de Bregeda, como ya lo hemos dicho, exige de nosotros una observaciòn muy atenta, y de este modo podemos descubrir que sobre la figura que representa a la Naturaleza hay una construcciòn humana - una casa precisamente - y sobre la otra de la izquierda, una flor.-  A la luz de la imagen del ying y el yang, podemos intentar descubrir el pensamiento inspirador del pintor:  en el "juego" entre la Naturaleza y el progreso humano, en la fricciòn y las tensiones que se derivan de él, subyace la realidad de que, en realidad,  son una sola cosa, son la uniòn de los opuestos, como el ying y el yang.-
Cada cuadro de Bregeda es un desafio y una invitación, los invito a aceptarlos y descubrir en los que dejo a continuaciòn,  el pensamiento y el espìritu de este pintor que, realmente, me ha subyugado.   Suerte en ese viaje!!


















A este cuadro Bregeda le puso por nombre: EL INTROVERTIDO,  y nunca ha afirmado que sea su autorretrado. Los lentes de sol, el sombrero, la extraña ropa y su colorido, parecen enmascarar a este introvertido, convirtièndolo en un misterio para el observador,  por eso... les dejo la imagen real de este pintor con el que hemos viajado ... hasta aquì!






5 comentarios:

  1. Una pintura con muchos significados, que por momentos atrapa!
    Me gustó mucho SEPARACION, entre otros. Tal vez por la fascinación que me produce ese episodio bíblico.
    Gracias por tu elección!

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  2. ... es todo un ejercicio el detenernos a observar en detenimiento sus obras y descubrir en cada elemento un significado, nada está allí por azahar. Gracias por tus comentarios!!

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  3. Los libros, y especialmente los gruesos volúmenes parecen ser una fuente de inspiración del autor de estas imágenes subrealistas que se tocan con el hiperrealismo en algunas de ellas. Todo, absolutamente todo es interpretativo, pero los dibujos y pinturas de este corte, presentan una oportunidad de tomarlas como propias y darle el personal significado a lo plasmado, evidente u oculto.
    Te agradezco Merce que nos acerques a estas expresiones artísticas que invitan a la reflexión.

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Por aquì los espero...