domingo, 22 de septiembre de 2013

Vladimir Lyubarov, ilustrando la comunidad

Sin duda que resulta fascinante observar a los colectivos humanos, sus caracteristicas, razgos distintivos; lo que terminamos llamando, su ideosincracia.
Pero què cosa significa"colectivos humanos"? cómo se plasman y reunen particularidades que permiten ser captadas por otros?  El Psicólogo alemán Wilhem Wundt, considerado uno de los padres de la Psicologia moderna, quien estudiò el fenòmeno y nos dejò sus apreciaciones, nos dice que esa expresiòn ("colectivos humanos") expresa " el relacionamiento de influjo recìproco de las conciencias individuales y se diferencia en notas muy esenciales de las conexiones de los contenidos de la conciencia individual".- 
A partir de esto, entonces, podemos pensar que la relaciòn de los sentimientos y las representaciones dentro de una comunidad son lo que llamamos "conciencia colectiva", y la orientaciòn comùn de las voluntades como "voluntad colectiva". Esto asì expresado nos lleva de la mano al concepto "el alma colectiva" ò "el espìritu colectivo", para significar la conexiòn de los fenómenos que surgen en una comunidad por influjo recìproco de los espíritus individuales.-

Esta introducciòn intenta ser aclaratoria o llevar más luz a la comprensiòn de la obra de un pintor ruso que ha retratado con ojo crìtico y a la vez amoroso, a la poblaciòn de Perimolovo, en el centro de la vieja Rusia.-
Vladimir Lyubarov naciò en Moscù en Setiembre de 1944, a finales de la Segunda Guerra Mundial.
Se formò como ilustrador y entre los años 1969 a 1990 aportò su arte a las publicaciones de autores como Voltaire, Edgard A. Poe,  Gogol, Eta Hoffamn, Julio Verne  y los hermanos Strugatsky.
Un buen dìa, deja Moscù y se instala en una poblaciòn rural, Perimolovo, en donde comenzò a ilustrar sus impresiones sobre el pueblo y su gente.
Con su agudo sentido de la observaciòn, retrata a ese colectivo que muestra singularidades que el artista capta y traduce en imágenes muy simples, pero que guardan el espìritu de un grupo humano que interactùa, vive, ama, sufre y se deleita - dirìa yo - como cualquier otra comunidad humana en cualquier lugar del mundo.
Veamos:

  

Imaginemos  estas situaciones en el entorno de un pequeño pueblo, en donde las personas buscan recrearse con lo que tienen a mano, y ésto no siempre guarda el glamour y los recursos de las grandes capitales. Pero no perdamos de vista que, el impulso inicial del pasatiempo, del baile o el trago en el bar, es igual y tan valedero como el de cualquier persona que viva en la ciudad.- Con lo que no cuentan en el pueblo, es con el anonimato que las multitudes regalan en las ciudades,  por eso cada acontecimiento y cada protagonismo en el mismo, es un hecho destacable, un motivo de comentarios a falta de otros que entretengan y hagan pasar el tiempo.-  Fácilmente nos damos cuenta que en ese pueblo no hay gente joven, los rostros reflejan otra edad más avanzada, y algunas circunstancias que Lyubarov plasma, adquieren ribetes que podrìan rozar el ridìculo o la mofa, sino fuera por el amor con la ternura que las trata.  Observemos la pareja de bailarines clásicos sobre el escenario:  son seres comunes que se han puesto ese ropaje e intentan representar su acto, impulsados - quizás - por un gusto personal y valiente que los expone frente al pueblo, expresivamente pequeños, en la platea. 




Los personajes pueden rozar el caracter de  prototipos, pero no en el sentido cientìfico, sino en la generalizaciòn de los mismos, en el sentido de que pueden encontrarse en cualquier pueblo rural.-
En una entrevista que le hacen al pintor, le preguntan sobre si la gente del pueblo conoce sus obras, y él responde que sì, que las conocen pero no les gustan, ya que se muestran desconformes; piensan y tienen un concepto idealizado del arte en el sentido de que las personas deben ser bellas, lo mismo que el paisaje y todo lo representado. Y asì lo vemos, los rostros son casi todos iguales, tanto hombres como mujeres son toscos, los razgos se confunden y el concepto clásico de "belleza" se pierde para dar paso a la visiòn del artista y còmo lo plasma segùn ella.



  

En realidad Lyubarov ha encontrado otro mundo fuera de Moscù, y lo retrata desde la ficciòn apoyado en su observaciòn del entorno de Perimolovo; difìcilmente pueda sustraerse totalmente de su trabajo de más de 50 años como ilustrador en la gran capital moscovita. De esta manera,  recrea a Perimolovo desde su arte y construye una verdadera saga con estos personajes y sus aconteceres reales y a la vez ficticios.



Entre la ternura y la ironia, el pintor describe a esa sociedad entre rural y ciudadana, sentando a la gente a leer el diario, deseosos de tener otra informaciòn - quizás ajena a ellos - mientras la noticia está en su propio entorno (la mujer desnuda en segundo plano).-  La distancia tambièn fragmenta y distorsiona la informaciòn del mundo lejano, y asi lo vemos en los trozos de diario que, con atenciòn, lee la joven en medio del campo.





Las costumbres compartidas, los usos de la gente, todo es absorvido por el pintor para traducirlo desde su óptica y, digno de señalar, es que a veces roza el grotesco, pero nunca cruza esa lìnea que significaria la burla y el desmérito;  él está pintando al pueblo que eligiò para vivir, es "su pueblo y es su gente".






Es en esta serie de 5 cuadros en donde podemos apelar con más claridad a la expresiòn inicial de "conciencia colectiva" o "voluntad colectiva".  Observando con atenciòn advertimos que el elemento que los unifica temáticamente es el episodio de la creciente de un rio - que  no se ve - que avanza sobre el pueblo y la vida de sus habitantes;  y la reacciòn comùn de los personajes ante ese hecho, es reveladora de un modo de ser y actuar que los trasciende y se podrìa definir, como la "ideosincracia" del lugar. 
El agua ha invadido todo, pero la vida continùa y el primero de los cuadros es lo que reafirma:  quizás acostumbrados a estos episodios, no le dan otro importancia que a algo pasajero; las señoras continúan saliendo con sus chicos, el mendigo continùa tendiendo su plato. Hay alguno que confia en su ángel de la guardia y lo porta sobre sus espaldas,  hay otros que - precavidos - intentarán proteger sus pertenencias y,  otros, que encuentran más prudente treparse al techo. Pero no hay desesperacion ni urgencia, y ésta es una particularidad que tienen todos los otros cuadros.  
No hay rebeldìa ni desesperaciòn, continùan fumando con el agua al cuello, y mirando hacia el cielo en donde los pájaros que emigran les indican el cambio de estaciòn; hay que conformarse, todo pasa.-
No hay motivo para preocuparse cuando la reuniòn con los amigos para beber, continùa y es placentera y ruidosa.  Tampoco cambiará si viene alguien de traje y sombrero para observar lo que sucede, tambièn se mojará y no importa que sea de la ciudad.  
En el último, el pueblo está inundado pero el Sol y la Luna continùan en su lugar, esto pasará...


  

  


... y mientras Lyubarov los pinta, mientras sus ojos acostumbrados a los còdigos de la ciudad, retrata sus costumbres, sus ritos, mientras intenta captar el espìritu que anima este colectivo, ellos aman, disfrutan, rompen còdigos y todo eso sin el anonimato de la capital, ellos son lo que son y lo serán mientras haya dos señoras que salgan a buscar el pan...


a "pedalear" una relaciòn...


y todo ello sabiendo que el viento es igual de fuerte para todos,  pero no todos son arrastrados hacia el mismo lugar...


3 comentarios:

  1. Muy interesante!
    La concepción del volumen de las figuras, me recuerdo mucho a Botero!

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Por aquì los espero...