domingo, 13 de octubre de 2013

Lucien Freud, sobre cuerpos y almas...

La clave para comprender al pintor que conoceremos, está en una de sus frases:
"Quiero que mi pintura funcione como carne. La pintura, es la persona que ejerce un idéntico efecto que la carne en mi".-
Quién asì se expresò fue Lucien Freud, el pintor hiperrealista que cambiò el concepto del arte figurativo en el siglo XX, creando cuadros de tan fuerte impacto realista, que pareciera los modelos salieran del espacio de sus obras para interactuar con el observador.-
Lo que puedo asegurar es que, como observadora,  la fuerza de su pintura es una experiencia que no se olvida inmediatamente, permaneciendo la impresiòn latiendo en la memoria, acicateando el interés por conocer más del autor; que ha sido exactamente lo que ha sucedido desde que vi el primero de sus cuadros.

Veamos:







Lucien Freud no pinta rostros ni cuerpos hermosos en el sentido clásico, sino que sus retratos son perturbadores, inquietantes; él hurga en el modelo hasta los más íntimos pliegues de su persona y sustrae aquello que lo define, lo que existe en su psiquis y que se refleja en esa lìnea, en ese gesto, en esa actitud que plasma en el cuadro.

Creo que conociendo más de su persona, comenzaremos a transitar por el camino de la comprensiòn de su arte. 
Lucien Freud naciò en Berlìn en el año 1922 y a los 12 años se exilia junto a su familia, en Inglaterra.
Huyen del nazismo y de los malos recuerdos que guardaba la familia de la persecusiòn que sufriera su propio e ilustre abuelo, Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis. A los 17 años se nacioliza británico y será en ese paìs en donde desarrolle su apasionada vocaciòn por la pintura, ya perfilada a los 10 años, cuando comenzò a pintar.
En Londres se vinculò con aquellos artistas que se mostraban desilusionados del Surrealismo, como incapaz de poder traducir en sus formas, todos los horrores y consecuencias de la Segunda Guerra, en las personas.Esa desilusiòn los llevò a una expresiòn de corte expresionista, de la cual Lucien Freud es uno de los más claros exponentes.
La fuerza de su apellido lo empujò siempre a buscar un bajo perfil, llevando su vida a nivel de sus diferentes atelier londinenses, verdaderos reductos en donde reinaba ùnicamente su arte.  Obsesivo en su mètodo de trabajo, pintaba en dos sesiones diarias de 5 a 7 horas, lo que para sus  modelos podia resultar agotador, pero todos ellos - generalmente familiares y amigos - lo aceptaban gustosos por el carisma del pintor, por el brillo y atractivo de su conversaciòn, por su trato refinado. Se autodefinìa como un "biòlogo del corazón", ya que a traves de sus pinturas intentaba conocer la historia emocional de sus modelos, cosa que le fue ùtil para establecer lazos  con los muchos hijos e hijas que tuvo de diferentes mujeres, y a los que prestaba atenciòn dentro de las sesiones de su atelier, durante horas extenuantes de modelaje. Retratar a su familia fue el modo que encontró de restablecer los lazos que durante años eludiò, una manera de subsanar y recompensarlos por años de abandono. Su hija Esther Freud decìa que era ese el "ùnico modo de conocerlo. Ves su mejor faceta: cuando es felìz, cuando está trabajando, creando algo juntos".-









Si bien guardaba recuerdos de su ilustre abuelo, solía burlarse del psicoanálisis, la que consideraba una teorìa extraña que poco o nada le aportaba. Sin embargo,  en la práctica,  frente al caballete y observando a sus modelos, exigia horas de charlas para conocer los recovecos emocionales, sus recuerdos de niñez, toda aquella informaciòn que le revelaba la peripecia vital de sus personajes. Cabe decir que este mètodo de trabajo le insumìa un año aproximadamente para terminar un retrato.






Es muy frecuente la presencia de sus mascotas como modelos, amante de los animales, adoraba a sus perros quienes interactuaban con quienes modelaban para el pintor, logrando una correspondencia muy significativa entre ellos, expresiva y simbòlicamente.

Pero será en sus cuadros de desnudos en donde se nos revele el realismo y el intento casi obsesivo de trasmitirlo a traves de la carnalidad y el tratamiento que de ella  hace, en una búsqueda que en realidad es instrospectiva, muy honda y provocativa.- Son los desnudos en donde se percibe el conocimiento y la pasiòn por los volúmenes (a veces monumentales), por los pliegues de los cuerpos, por el deseo que se traduce genitalmente en las posturas de sus modelos, muchos de ellos de piernas abiertas, exponiendo su sexo ante el pintor. Lucien Freud se convierte en el testigo más cercano de la desnudez en todo el sentido de la palabra, ya que nos trasmite que no sòlo la mente guarda recuerdos, sino que estos quedan tambièn grabados en los cuerpos, en sus arrugas, en el color de la piel y su textura. Cada lìnea, cada arruga es una parte de la historia del modelo que Freud se encarga de contarnos.
Técnicamente empleaba colores como los azules, el naranja y el verde, el rojo y el plateado para las estrìas de la piel; de todos ellos extraìa todo su potencial expresivo, dibujando granos,  los vellos, las ojeras, el cansancio y el dolor. Freud pinta al hombre desnudo como al animal desnudo, en su esencia fìsica, sin adornos ni conmiseraciòn, es lo que es.





Su pincel diseccionaba la psicologìa de sus  modelos, y lo hizo a traves de sus cuerpos y con un enfoque bastante inédito, con marcado acento sexual, descubriendo su propia animalidad. Sus cuerpos son agresivos por lo perturbadores que resultan, no disimula su fealdad, su fláccida obesidad obscena, desparramados en camas o sillones destartalados, captándolos desprotegidos y vulnerables en su propia desnudez.

Freud expone real y directamente los cuerpos, desde la flaccidez de los gastados cuerpos femeninos, hasta el realismo sin censura del cuerpo masculino, sin intento alguno de idealizarlo o subliminarlo.- El pintor rompe con la tradiciòn de la exposiciòn del cuerpo femenino, y trae a primer plano el desnudo del hombre. En el siguiente cuadro llamado "Pintor y modelo", lo observamos claramente:



En este cuadro es el cuerpo masculino el que se presenta desnudo en un sofá, mientras que a su lado, está de pie una mujer vestida que podemos identificar como la pintora o el observador. Se invierte el orden tradicional de la pintura de desnudos de academia, y se expone a la vista de los observadores femeninos, lo que antes se ofrecìa al observador masculino.- No se encuentra en la pintura del siglo XX otro cuadro que brinde una escena similar con los mismos roles con que lo hace Freud en éste.-




En este cuadro, "Hombre desnudo en una cama", Freud expone frontalmente - y de manera inusual - a un hombre que exhibe sus genitales en el centro mismo de una composiciòn pictórica, en una atmòsfera de relajada sexualidad.  Logra de este modo, desafiar los còdigos y las convenciones respecto a los cuerpos y su exposiciòn,  ingresa al terreno de lo privado, y provoca casi una visiòn vulgar, una impresiòn negativa y humillante del hombre que así se expone. Pero no es asì, no se mofa de ese cuerpo con todas sus deformaciones o  marcas, ya que para él no se trata de una cuestiòn moral ni tampoco sentimental, no  hace un juicio de la belleza de ese hombre, sòlo nos expone su desnudez, y lo hace sin censura; en realidad Freud desnuda al desnudo.




Desde el hombre dormido del primer cuadro, pasando por el cuerpo obeso de otro que es mostrado de espaldas, la visiòn de Freud no tiene concesiones, pero eso es asì por su propia naturaleza personal, es lo que es Freud en la vida. En el tercero es el propio pintor quien se retrata, desnudo, con la paleta de colores, con las botas desabrochadas, en un entorno despojado de toda cosa que niegue su condiciòn de ser nada más que un "hombre desnudo que pinta".-

"Què le pido a una pintura?  Que sorprenda, que perturbe, que seduzca, que convenza", es una de sus frases, una de las que define su arte.





"El áura de una persona o un objeto es tan parte de él como su carne. El efecto que producen en el espacio es similar al del color o los aromas. Por lo tanto, el pintor debe preocuparse tanto por el aire alrededor de su objeto como por el objeto en sì". A traves de la observaciòn y la percepciòn de esa atmòsfera es que se podrá captar el sentimiento que saldrá de su pintura.




"Quiero que la pintura funcione como carne. Mi idea del retrato viene de mi insatisfacciòn con los retratos que se parecen a la gente. Me gustarìa que mis retratos sean de la genta, no como ellos. No tener que mirar al que posa, sino ser los que posan. Para mi la pintura es la persona. Quiero que funcione para mì como lo hace la carne".

Lucien se negó a pintar retratos de Juan Pablo II y de Lady Di, pues le parecian personalidades demasiado edulcoradas, sin atractivo para su pincel. Sin embargo,  accediò a pintar el retrato de la Reina Isabel II, y lo hizo en un pequeño formato para el que la Reina posò  horas ante el pintor.




Desde mayo del 2000 a Diciembre del 2001, la Reina concurriò al estudio del pintor para ser retratada en un pequeño lienzo, en un entorno despojado en que sòlo estaban ellos dos, frente a frente. Lucien concentra en las pequeñas dimensiones del retrato todo lo que capta, sin concesiones, del rostro de esta anciana cuya imagen pùblica es siempre perfectamente cuidada. El pincel de Lucien reemplaza al maquillaje y al fotoshop, y logra acentuar la humanidad en ese rostro que se difunde mediáticamente todos los dìas, sustrayendo todo lo que el aparato que cuida a la Reina, ha intentado ocultar.

La Reina es una modelo más, asi la trata y asì llega a nosotros obligándonos a reconocer la humanidad que todo un aparato intenta quitarle como figura de la realeza británica, convirtièndola en un ìcono casi deshumanizado y distante.La imagen de esta anciana es la realidad, es lo que el pintor capta sin uso ni abuso de su imaginaciòn artìstica.
Nos obliga a mirarla a la cara, sin las distracciones de opulencia y boato con que se la suele mostrar. Ella parece simplemente una abuela más, pero con corona; muestra a la persona detrás del tìtulo, y la corona es apenas el sìmbolo de que Isabel es reina durante las 24 horas del dìa, pero sòlo es su trabajo, nada más.

Un año despues de pintar a la Reina Isabel,  y luego de haber leido una entrevista en que Kate Moss expresaba su deseo de ser pintada por Lucien Freud, la convoca y pinta este cuadro que luego fue subastada en Christie´s en nada menos que 7 millones de dólares.-



La modelo pertenece a ese mundo de la superficialidad, del glamour rentado y de lo efìmero irremediable; un mundo que parece estar tan distante al del arte; sin embargo Lucien la rescata y la inserta - de manera brutal - en un cuadro que impacta por su crudeza, por su realismo exacerbado.
Lo primero que nos provoca del cuadro es la ubicaciòn en diagonal del mismo, no ocupa toda la superficie del lienzo. Los bordes vacios causan la impresiòn de que el cuadro no está terminado. En cuanto a la posiciòn de la modelo y aunque posa con las piernas abiertas exponiendo su sexo,  no es obscena ni vulgar, es apenas la postura más còmoda para Kate quien en ese momento, se encontraba embarazada.
Las luces de las càmaras, el cuidado de los escenarios y las pasarelas por las que transita Kate,  son dejadas atras, no importan para este momento que Lucien perpetua; es una mujer embarazada que reposa, nada más. La desnudez eròtica es reemplazada por la desnudez del cuerpo en su modo más esencial y primigenio, sin adornos, sin cosmética, en donde los defectos naturales no son disimulados sino glorificados, en un intento  magnìfico de rescatar la humanidad total de la modelo, sin concesiones.
Observemos:



Su vientre de embarazada ya se insinùa debido a la extrema delgadez de la modelo,  se ve abultado y se vuelca hacia su lado izquierdo, por la misma fuerza de la gravedad, no se le disimula. Los pliegues tampoco se ocultan, y debajo del seno derecho y más abajo del vientre, aparecen esos "rollos" tan comunes a las mujeres pero que, en el mundo de la moda de Kate, son un pecado mortal. No hay paliativo, lo de Lucien no es el fotoshop de las sesiones de modelaje de Kate.


Lucien la despoja de todo artificio, su rostro no tiene una gota de pintura, y en cuanto a los ojos que observan al pintor, aparecen casi estrábicos, no son perfectos y no se les disimula.


Cuando observo a esta otra Kate Moss, joven y casi perfecta, prefiero a la que pinta Lucien Freud.  En su cuadro trasmite una humanidad que no perecerá, algo que permanecerá mucho más que su pasaje por las pasarelas, algo que la trascenderá y siempre tendra vigencia y realidad. Es el misterio maravilloso del arte y de los artistas que, como Lucien Freud,  horada la carne e insiste en llegar hasta el alma de sus modelos, bucea en ellos, en sus emociones y en sus psiquis y los eleva a la categoría de obras de arte imperecederas.


Cuando recordamos que casi toda su producciòn es autobiográfica - como lo declarò -, no puedo menos de imaginarlo en el acto de pintar, gozando y sufriendo cada pincelada, cubriendo la superficie de las telas con pasiòn, trasmitiendo su propia carnalidad y logrando un final inigualable de densidad pictòrica.
En el cuadro siguiente, él mismo se retrata en ese momento de creaciòn, con el torso desnudo,  con la paleta de colores y el pincel, en un cuarto cerrado, creando la luz a fuerza de colores y texturas.




"Nunca pondrìa en un cuadro algo que no estuvo frente a mi. Eso serìa  una mentira sin sentido, un mero truco de destreza, puro artificio".


Què más decir..?? 






                       Lucien Freud falleciò en Londres en el año 2011, a los 88 años de edad.-

2 comentarios:

  1. Con el apellido que porta, no podría jamás librarse de las connotaciones psicológicas de sus cuadros.
    Si busca perturbar, lo hace. La mujer de ojos saltones y obsesivos que literalmente está estrangulando con su enorme mano al pequeño gato,( que no demuestra ni la más mínima señal de incomodidad), tendrá alguna lectura más profunda, que seguramente su abuelo haría y con mucho gusto...

    ResponderEliminar
  2. De acuerdo contigo..., pensé frente a sus cuadros que tanto él como su Abuelo compartìan la misma curiosidad sobre el ser humano y sus conflictos, el primero hurgò en sus psiquis, Lucien intentò descubrir en sus cuerpos, observados casi que con obsesión, los mismos misterios que atrajeron a Sigmund Freud. Aunque dicen que negò la importancia del psicoanálisis, no dejò de practicarlo en cada sesiòn con cada modelo que tuvo frente a él.- Gracias por tus comentarios.!!

    ResponderEliminar

Por aquì los espero...