jueves, 2 de enero de 2014

Dominic Rubio, el orgullo de una nación...

De la mano de Dominic Rubio, nos internaremos en la historia de una zona del mundo que a muchos nos parece lejana y misteriosa: las Islas Filipinas.-
Este pais insular del sudeste asiàtico, enclavado en el Pacìfico, tiene una larga historia de transformaciones en busca de su identidad, enriquecida por el aluviòn de pueblos que hasta el siglo XVI la poblaron y le imprimieron sus caracterìsticas variadìsimas.  Es en ese siglo que se produce la colonizaciòn española, convirtiendo su territorio en el centro econòmico de los europeos.
Nada le ha sido fácil a este pueblo tan polícromo y diverso, siendo su territorio lugar de paso y dominio de intereses foráneos de Asia y Occidente. Hoy es una repùblica constitucional, pero tambien su instauraciòn ha sido convulsa y violenta.  De todos modos, no es la historia cronológica la que nos acerca Dominic Rubio, sine esa otra que se escribe desde la emociòn y el sentimiento de quien ama a su tierra y rescata de ella, lo que considera mejor y más significativo; en este caso, su gente.



Dominic Rubio rescata la diversidad de la sociedad fililpina, la constitutiva, la que forjò raìces y sembrò costumbres, ritos, còdigos de convivencia, cultura y creencias.-
La presencia española a partir del siglo XVI dejò huellas de un arte utilitario, con pinturas de significaciòn religiosa con el propòsito de difundir la religiòn catòlica entre los isleños, pinturas que se hacian en las paredes de los templos y en todo lugar en donde se nucleaba a los potenciales fieles. Asi fue  desde los siglos XVI al XIX, y junto con las luchas independentistas, comenzaron a delinearse las bases de una nueva corriente pictòrica que reflejaba el espìritu valiente y memorioso de los filipinos.
Este artista que naciò en 1970, realizò su primera exposiciòn pictòrica en el año 2003.  En ella nos muestra a  una serie de mujeres en el contexto de su evoluciòn desde antes de la colonizaciòn española, y lo hace con exquisito gusto y refinamiento.
Veamos:






Las figuras son destacadas notoriamente sobre las escenas de fondo que, si bien nos brindan detalles de la vida de la isla en diversos momentos de su historia,  son absolutamente subordinadas a los personajes que tienen su propia luz y significaciòn más allá del fondo del cuadro.

Los razgos y vestimentas nos dicen de todos los pueblos que encontraron cobijo en estas islas y le imprimieron su sello, su impronta, amasando un tipo humano caracterìstico a pesar de tanta diversidad.








Costumbres y culturas diversas son evocadas con nostalgia y  fantasia en el pincel de Dominic, delineando arquetipos muy definidos pero que logran amalgamarse en la intenciòn casi idílica del pintor.  Chinos y  occidentales, catòlicos y musulmanes tienen su punto de armonioso encuentro en la superficie de sus cuadros, y todos ellos dotados de una morfologia particular. Sus redondas cabezas son sostenidas por largos cuellos que, al decir del pintor, "sostienen su orgullo como naciòn", reclamando con legítimo derecho su lugar en el concierto de las naciones del mundo.-






Dominic Rubio nos deja estas estampas entrañables y nostálgicas de su tierra, y nadie puede permanecer indiferente ante ellas porque, sin ningùn lugar a duda, luego de conocerlas quedamos con la cálida sensaciòn de haber observado a un pueblo que tiene mucho más que una larga historia para trasmitir.












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