viernes, 4 de abril de 2014

Otar Imerlishvili, amar lo suyo...

Otar Imerlishvili se llama el pintor que  hemos convocado para esta entrada que, estoy segura, les va a encantar!!
Nacido en la ciudad de Tblisi, Georgia, en el año 1970, ha desarrollado su vida y su aprendizaje en esa ciudad, obteniendo el tìtulo de Restaurador de Arte en la Universidad de Arte de esa ciudad, en 1995.-
A tìtulo ilustrativo, para conocer un la geografìa que le vio nacer y crecer, digamos que Georgia se encuentra en Asia, en la costa oriental del Mar Negro.  Las montañas que conforman la frontera del norte, son el límite natural entre Europa y Asia. Es un paìs montañoso, con muchas tierras de labranza y minerales, situado entre las montañas del Cáucaso y el Pequeño Cáucaso. Durante siglos ha sido objeto de rivalidad entre Persia, Turquia y Rusia; en el siglo XIX, se anexionò a Rusia.-
Con esta brevisima descripciòn nos hemos acercado a  la historia de un pueblo que, como tantos otros, ha sido objeto a lo largo del tiempo, de la codicia de sus vecinos, ya que su ubicaciòn geográfica lo instala en medio de dos continentes que siempre se han mirado con recelo: Asia y Europa.-
Me ha atrapado de la pintura de Otar, el color y las escenas, pero sobre todo el impulso que lo  anima a rescatar y preservar, a su ciudad y su gente, a su pueblo,  sus costumbres,  sus historias minimas y cotidianas.

Veamos:




Cuando el pintor recrea a  su ciudad, nos permite asomar a un microcosmos con sus propias leyes, con su cultura, con sus códigos de convivencia, refundando de alguna manera y a traves de su óptica, una nueva ciudad que se balancea entre sueños y realidad.  En especial este ùltimo cuadro me provoca la sensaciòn de que las casas están comunicándose entre si, casi se escucha el murmullo, el cotilleo del barrio que se escapa a traves de puertas, ventanas y chimeneas...La ciudad no es meramente un grupo arquitectònico más o menos homogéneo en base a un estilo , es algo vivo que late y respira, y se puede casi sentir ese aire que llena los pulmones y luego se exhala, cálido y vital...






El trazo naif, deliberadamente  ingenuo,  destaca todos los detalles, y tanto desde el aire en un imposible aviòn que nos permite esa perspectiva, hasta el hombre que carga con su casa, el apego de Otar por su lugar en el mundo, es testimonio de una vida rica y  observadora.






Todas las perspectivas se brindan al pincel de Otar, y se aboca a compartirlas a traves de su  maravilloso colorido que nos tienta a imaginar cómo será vivir en ese lugar, recorrer esas calles, saludar a esas personas...


Esta pareja de enamorados ha encontrado su propio punto de vista, y la ciudad se les brinda para que imaginen - junto con nosotros - todas las historias posibles que pueden albergar esas casas multicolores...





Las escenas se vuelven más ìntimas, más cercanas , desde el encuentro en un bar, la cena compartida en abundancia, la alegre fiesta de los gitanos o el simple placer de escuchar mùsica o la lectura...






Escenas que tras las paredes de las casas de esa ciudad, transparentan emociones y sentimientos comunes a cualquier casa de cualquier ciudad. La intimidad lo será en cualquier lugar,  los encuentros amorosos tambièn, y la ciudad y su gente se amalgaman respirando al unìsono, acompasada y armoniosamente.








Observando con atenciòn los detalles de sus personajes, la reuniòn de diversos elementos, su ropa, su entorno, descubrimos la  variedad de pueblos y costumbres que logran convivir en la ciudad de  Otar, desde las familias judias hasta los rusos en torno al samovar sobre una mesa en que los roles  familiares y sociales están bien definidos. Nada es pintado al azar, la intenciòn del pintor es no sòlo homenajear a su ciudad, sino dar testimonio de un modo de convivencia sin aparentes fisuras o discrepancias, son todos iguales en su diversidad, y una sòla es la ciudad que los acoge generosamente, Tblisi.


Un lugar en que se vive simplemente, en donde se ama, se trabaja, se escucha mùsica, se festeja y se pasea, en donde los diferentes conviven, y en donde - asi parece - daría  gusto envejecer...



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