jueves, 3 de julio de 2014

Alessandro Tofanelli ... "sobrehumanos silencios y su profunda quietud"...

Cuando era pequeña, me gustaba dibujar. Claro, como todos los niños.-  
Y recuerdo perfectamente mi dibujo recurrente:  sobre unas lomitas verdes,  un camino blanco bordeado de flores que terminaba ante la puerta roja de una casita con chimenea humeante sobre un tejado de tejas tambien rojas.- La copa de àrboles frondosos se veìan detrás del tejado, y a los lados,  más flores multicolores rodeaban el tronco de otros más altos, tanto que parecìa tocaban la panza de unas nubes redondas y blancas, como ovejitas pastando en el cielo.-  No dibujaba personas, pero esa casita tenia una puerta y dos ventanas, y a veces las dejaba abiertas para que el viento sacudiera unas cortinitas muy livianas que aparecìan por ellas.- Nunca fue necesario analizar mi dibujo, no habia ningùn extraño mensaje en él que se debiera decodificar, nò!  Era el lugar que aquella niña pintaba  por deleite y porque, quizás - ya no lo recuerdo - le hubiera gustado vivir en él.-

Estas viejas emociones se avivaron en mi memoria cuando conocí la obra de Alessandro Tofanelli, un talentoso artìsta italiano nacido en 1959 en Viareggio, en la hermosìsima Toscana.-

Veamos: 


Tofanelli es tambièn un hombre de cine y de televisiòn, para los que ha dirigido documentales premiados en festivales importantes de Europa, y cuenta con un largometraje, filmado en el año 2005, escrito y dirigido por él, llamado "Contronatura", elogiado con entusiasmo por la crítica especializada.-
Estos datos hacen al nivel creativo del perfil de Alessandro Tofanelli, pero a nosotros nos interesa su obra pictòrica, que tiene - como verán - una temática recurrente con la que (atrevidamente) hice contacto desde la primera vez que vi un cuadro suyo.-
La evocaciòn que provocò en mì se conecta justamente con la atemporalidad de sus escenas, y ubicadas en un espacio que, si bien se identifica con su tierra de nacimiento, puede ser la concresiòn de la añoranza de cualquier observador, más allá - justamente - del tiempo y del espacio.-
Tofanelli observa un paisaje que le permite concientizarse del paso del tiempo, ineludible e inexorablemente...





Quizás por eso no ubica en ellos seres que puedan experimentar ese paso del tiempo, la falta de personajes humanos en la casi totalidad de su obra, nos permite inferir que son los ojos del pintor y, eventualmente, del observador, los ùnicos que pueden apreciar y proyectarse en el paisaje.-
Es innegable una cierta ternura en la mirada del pintor que se traduce en los colores, en cierta distorsiòn de los edificios, en el follaje, en el agua siempre quieta, y en un horizonte lejano y lineal sobre el que recorta la silueta de sus recuerdos.- Tofanelli  se nos muestra, asì, como un pintor romántico, que proyecta en sus pinturas un estado de ánimo que siempre tiene que ver con la nostalgia de un tiempo ya inasible, pero siempre vivo en el trazo de su pincel y paleta de colores.-









Otro aspecto de enorme poder expresivo, es el silencio que trasmiten sus cuadros. Hay mesas y sillas vacias, botes prontos para navegar,  vehiculos detenidos, ropa tendida en las cuerdas, dos arcos solitarios para un inexistente equipo de futbol como tambièn ausentes espectadores.- Todo es ausencia y silencio, ya que de existir lo contrario, el Tiempo tendria una fecha, y el espacio un nombre..., y no es esa su inspiraciòn, su sentir, su nostálgica visiòn.
Sin duda se evidencia, tambièn,  su caracter de director de imágenes en sus películas, el buscador de las locaciones para desarrollarlas, un verdadero escenògrafo, avezado y sensible.-  El ojo artistico de Tofanelli arma la escenografìa perfecta para su obra sin personajes, ya que el único, es él mismo y, resignadamente, la del observador. Quizás se nos permitiera imaginar la acciòn a desarrollar en tales escenarios, pero la fuerza de la evocaciòn del pintor es tan intensa, que el observador se limita a serlo, a disfrutarlo estéticamente, sin otra participaciòn que su mirada.-





En estos ùltimos tres, el pintor ubica una ventana a traves de la cual se divisa el paisaje, separa dos planos bien diferenciados: el de la naturaleza fuera  - todo verdor, luces y sombras - y algunos objetos de uso humano, adentro.-  Siento que su intenciòn es resaltar lo anodino, lo sin importancia, lo transitorio y pasajero de lo humano, frente a lo perenne y siempre renacido, espléndido y vital de una naturaleza que se nos muestra - a traves de una ventana (los ojos del pintor??) - como fuera del Tiempo y en otro Espacio.-









Observando el silencio, asomados a estos paisajes de Alessandro Tofanelli, es imposible no recordar aquel poema hermosìsimo de otro italiano que calibrò el tiempo a traves de sus versos, Giàcomo Leopardi:

Amé siempre esta colina,
y el cerco que me impide ver
más allá del horizonte.
Mirando a lo lejos los espacios ilimitados,
los sobrehumanos silencios y su profunda quietud,
me encuentro con mis pensamientos,
y mi corazón no se asusta.
Escucho los silbidos del viento sobre los campos,
y en medio del infinito silencio tanteo mi voz:
me subyuga lo eterno, las estaciones muertas,
la realidad presente y todos sus sonidos.
Así, a través de esta inmensidad se ahoga mi pensamiento:
y naufrago dulcemente en este mar.






Queda, sin duda... una nostálgica emociòn flotando en esta pàgina del Blog... pero no incomoda, simplemente creo ver, otra vez... a una niña de trenzas dibujando una casita sobre una loma verde,  un camino vacio y blanco hasta su puerta... y muchos otros recuerdos,   que son mìos y de nadie más. Como los de Alessandro Tofanelli, no lo creen??

Gracias por acompañarme hasta aquì...!

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