miércoles, 6 de mayo de 2015

Pieter Wagemans, por las flores...



Las flores han sido, desde los más remotos tiempos, objeto de admiraciòn de los artistas que, desde diversas disciplinas y  manifestaciones del arte, han plasmado en sus obras y desde su particular visiòn, la belleza inigualable de estas joyas de la Naturaleza.
No vamos a irnos muy lejos en el tiempo, pero sòlo para ilustrar al pintor que nos ocupa en este post,  citemos como antecedentes, a algunos ilustres y famosos que hicieron de las flores, en algùn momento de su historia,  el centro de sus magnìficas creaciones.
Sin duda ellas han sido un magnìfico vehìculo expresivo para simbolizar estados de ánimo, emociones y sentimientos. 
Veamos:


Uno de los cuadros de la serie de Los Nenùfares, de Claude Monet, flores a las que acudiò al principio para explorar los efectos de la luz sobre la naturaleza, a diferentes horas del dìa pero que,  cuando falleciò su segunda esposa, Alice Hoschedé,   se resignificaron  en un homenaje  hacia ella, simbolizando el amor que compartieron y la maravillosa relaciòn que habian tenido. Su amor eterno hacia Alice, está presente en esos cuadros que logran emocionarnos aunque no conozcamos la historia.



Otro ejemplo más cercano en tiempo y espacio, es el del célebre pintor mexicano, Diego Rivera. Durante su larga vida como pintor y muralista, las flores ocuparon un lugar muy importante en su producciòn pictòrica,  por ejemplo las más famosas, como "El porteador de flores",  "Día de las flores" o "Desnudo con Alcatraces", en la que muestra la silueta de Frida Kalho rodeada por los alcatraces o calas, una flor con una carga y simbologìa muy fuertes.

Hacia 1940 pinto una serie de obras, como "La vendedora de flores" por ejemplo,  en las que desarrolló su estilo indigenista y social, con gran atractivo popular.  Las formas simples y los vivos colores, rescatan el pasado precolombino de la historia de su pais, resaltando al campesino y sus costumbres, pegados a la tierra. En este cuadro, como en otros de la serie,  contrasta la blancura y belleza de las flores con el color terroso de las campesinas y, a traves de la acumulaciòn de tanta flor,  crea la sensaciòn de agobio que el espectador capta y experimenta al observarla.


Apenas dos ejemplos paradigmáticos para enmarcar la obra de Pieter Wagemans, un pintor belga, nacido en 1948 en Mersken, cerca de Amberes.  Su inclinaciòn por la pintura fue temprana, y se formò en la Real Academia de Bellas Artes de Amberes, ejercitándose en la creaciòn de bodegones, desnudos, paisajes y escenas de la vida cotidiana.  Como tantos otros vocacionales de la pintura, recorriò un largo camino de perfeccionamiento en busca de un estilo propio. Lo logrò, y hoy se ha consagrado como un gran conocedor y perfeccionista en el manejo de la luz, los contrastes y juegos de ésta con las sombras y, sobre todo, en el arte de la composiciòn.
En los últimos años, se ha dedicado a la creaciòn de estas maravillas, fruto de una minuciosa técnica pero, tambièn, de una sensibilidad y capacidad de observaciòn que logra captar la belleza en plenitud, de algo tan efìmero como las flores.
Veamos:



La paleta de colores de Wagemans es muy rica, pero no podria ser de otra manera, ya que la materia de su inspiraciòn - las flores - se lo exigen.  La composiciòn entera, los objetos, personajes y fondos de los cuadros, están en completa subordinaciòn a la exaltaciòn y realce de las flores, ellas reinan en ese entorno, sin lugar a dudas!


  




La exquisitez del trazo se potencia en los detalles, en el tramado de las telas, en el gesto y, sobre todo, en el  manejo de la luz,  proveniente de una fuente que no es visible, pero que realza en su  juego de sombras, cada elemento de la composiciòn.  En todas, indiscutiblemente, son las flores el pretexto para la presencia del resto de los elementos,  y nó al revés.









Según nos dice el propio pintor,   puede dedicar todas sus horas de trabajo de un dìa, en el perfeccionamiento de una sola flor, exhaustivamente se realza su detalle, su color, su movimiento segùn el lugar que tenga en el conjunto.





Impactan tambièn por el volúmen dentro de los  lìmites del cuadro, lo ocupan en armonia y equilibrio, y es de ese modo que se nos imponen,  a fuerza de realismo a pesar de sus dimensiones.
No sé què cosa simbolizarán en el subconciente de Wagemans estas flores tan vivas, tan reales, tan minuciosamente detalladas. Quizás sòlo sea el ejercicio de una técnica muy bien trabajada, de un conocimiento profundo de los materiales y sus potencialidades,  pero...tambièn creo que si sòlo fuera ésto, no lograrian atraernos como lo hacen, deleitarnos en su observaciòn, e inspirar una admiraciòn que más tiene que ver con los sentidos , que con la fria ejecuciòn de una técnica. No se puede permanecer impasible ante ellos..., verdad??











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