viernes, 5 de febrero de 2016

Adolfo Arenas Alonso, fácil de encontrar...

Entre otras muchas cosas más, una de las razones por las que me atrapò este dibujante y su obra, es porque sé adònde encontrarlo, puedo ir a Sevilla, a la Plaza del Museo precisamente, algùn domingo soleado de esa Andaluzìa maravillosa, preguntar por él, y conocerlo!
Adolfo Arenas Alonso, que asì se llama este ilustrador que ya van a conocer,  suele llevar sus dibujos a la Plaza del Museo, pero tambièn a otras calles sevillanas, para ponerlos a prueba, para ver què provocan en los transeùntes y para,  sin lugar a dudas,  captar esa cosa humana que circula por las calles , y que son la encarnadura de sus próximas creaciones.
Para que Uds tambièn lo conozcan y se sientan atrapados por sus personajes, escenarios, historias minuciosamente contadas en láminas cubiertas de lápiz, sombras y luces, aquì va una de ellas. Sugiero que se detengan y observen desde cada ángulo, cada detalle, cada pliegue de ropa y piel, cada arruga, cada gesto y comiencen a entrar en el mundo de Adolfo Arenas Alonso:




Según él mismo lo aclara en un reportaje a El Correo, de Andalucìa, estos ocho personajes en torno a la mesa, representan los pecados capitales (parece que ahora se le ha añadido un octavo, yo conocìa sólo siete!!! primer descubrimiento!!).- 
"La Cena" podrìa llamarse este dibujo, en donde plasma con aires decadentes y de ajada sofisticaciòn a un grupo de personajes  resistièndose a la edad y a la decrepitud, intentando ser elegantes cuando son casi patéticos.  
Hay que detenerse en cada uno de ellos para asignarle a esos cuerpos esqueléticos de posturas indolentes, el pecado o vicio que representan. (Los desafio a que lo hagan, luego lo comentan al final del post, se animan??)
Pero los personajes estan ubicados en una escenografìa en donde nada está al azar, por eso sumo dos "primeros planos" de diferentes ángulos. En el primero para resaltar la maestrìa del dibujante, en donde el lápiz crea una realidad que nos sorprende, en que  casi podemos sentir la textura del tapizado del sillón, la tela devaida y gastada por el roce de esos cuerpos.  Las botellas vacias junto a la lámpara nos sugieren vicios satisfechos sin mesura ni verguenza.
En el segundo, sobre la mesa,  libros que se acumulan y enciman de manera arbitraria, conviviendo Shakespeare con Byron, Henri Miller y alguna versiòn de Don Juan. Lecturas desordenadas que coexisten con el tablero de ajedrez, un busto de Beethoven y un viejo gramòfono.  "La Biblia y el calefón", como dijo Discépolo en su tango famoso.   Y todo al detalle, cada lìnea, cada trazo del lápiz sobre la lámina es perfecta, detallista, minuciosa, precisa, expresiva, llena de contenido!

Conozcamos a otros personajes:


                                      (Bambalina - La dolce Donna)




(Tempus Fugit)



Sus musas, quizás??  Serán estas mujeres lánguidas, flacas,  posando en posturas forzadas que prentenden naturalidad, sus musas??  La sensualidad que les presta está impregnada de banalidad, de algo que fue y que se resiste a dejar de ser y que, en ese intento de elegancia y pretendida aristocracia, naufragan en el ocaso de sus vidas. Nos provocan, eso sì!! Y las emociones que generan son contradictorias, entre la atracciòn y el rechazo, entre el interés y el deseo de apartar la vista de algo que parece no puede perdurar mucho más.



(El conquistador)

                                              (Beso)

                     
                                            (Faith, Credo)


Los pretendidos amantes viven  escenas ya vistas, conocidas, no son creativos en su esbelta altaneria; Adolfo les recrea casi que con hastìo,  en el gesto displicente de una mano sobre el amante, y la mirada desviada hacia el reloj cucù...Las miradas son frìas y distantes, sin pasiòn, sin calor. El tiempo se les va, ya se les ha ido... y repiten  gestos en el vano intento de permanecer. 





    (Amore, amore)


                                  
                                                (Doménico)

Adolfo hace claras referencias al arte excelso que conoce y admira, y que ubica enmarcados sobre paredes rotas y cochambrosas,  tambièn como desubicados en ese contexto. En el último dibujo, quizás encontremos en El Greco, mirándonos desde el lienzo, la explicaciòn de la esbeltez de estas figuras tan semejantes que pintò y que reencontramos en las de Adolfo.
El lápiz en manos de Adolfo se convierte en  un instrumento lleno de posibilidades que él conduce hasta los límites de la expresión, es obsesivamente detallista pero  gracias a eso logra estas maravillas.




El ojo experto aunado a un sentido crìtico de la vida, de la realidad que lo rodea, marca a fuego cada uno de sus dibujos,  y les imprime alma y sentido a sus personajes, a pesar de sus posturas forzadas, a sus miradas que no miran y abrazos que no son tales.  Se esfuerzan en permanecer, pero ya casi no son.
Y es en este punto, precisamente, en donde nace la compasiòn... 


                                                                Adolfo Arenas Alonso
                                                                    (Sevilla -  1972)






2 comentarios:

  1. joder que bonito!!..no lo habia leido hasta ahora..gracias desconocida...!!

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  2. Eres y seras ......, no decaigas, puedes y lo conseguirás, no lo dudo....Salvador de Conil.

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Por aquì los espero...